El ahorro prepara la recuperación

El ahorro está disparado en España. La  sensación de riesgo que se ha extendido por el conjunto de la sociedad  ha impulsado una actitud más favorable de una parte de los ciudadanos (lógicamente los que tienen empleo y lo han conservado en  esta crisis)  hacia  el mantenimiento de un cierto grado de liquidez, generalmente depositado en forma de  cuentas bancarias, que han alcanzado sus niveles máximos desde hace años.

En la actualidad (últimos datos, de septiembre),  los españoles acumulan más de 760.300 millones de euros en los depósitos bancarios. Es una cifra sin precedentes, ya que  en el año 2014 la cifra rondaba los  360.000 millones de euros, es decir, la mitad.  Hace un año, el volumen de depósitos no había rebasado todavía la barrera de los 700.000 millones de euros.

Tanto ahorro acumulado  ha restado indudablemente bastante vigor al consumo privado, lo que ha venido facilitado por las medidas restrictivas que ha generado la pandemia pero también por la  actitud cautelosa de los ciudadanos, que han optado en muchos casos por atesorar recursos  ante los riesgos de pérdida de ingresos o de empleo.

Hay quienes sostienen que la acumulación de ahorro, que tiene un componente parcialmente artificial y cíclico, puede generar una expansión del consumo en cuanto desaparezcan los factores de riesgo que atenazan ahora mismo a la población. La recuperación del empleo, en la medida en que puede devolver un cierto optimismo a los ciudadanos, será  otro factor de empuje para la reacción alcista del consumo. La propia dinámica de los mercados bursátiles, dando paso a un cierto optimismo en  el estado de ánimo de los inversores tanto nacionales como extranjeros, es un aliciente adicional que  contribuirá al impulso alcista de la economía, ya que  la acumulación de liquidez que está produciéndose es un combustible que puede multiplicar el valor de los activos.

Es en esa hipótesis de apoyo a una reacción  vigorosa de la economía  en la que se apoyan bastantes analistas para  señalar que  la recuperación del PIB puede mostrar un vigor especialmente alto en cuanto desaparezcan los factores de incertidumbre. El principal de ellos es en la actualidad la pandemia, ya que la crisis sanitaria  se ha convertido en un termómetro negativo que indica el mal estado de las cosas y sirve además de anuncio a las medidas que el Gobierno está adoptando para tratar de frenar la pandemia mediante  la implantación obligatoria de límites a la actividad económica.

Este círculo vicioso podrá volverse en virtuoso cuando las cifras de la pandemia si  frenen de forma sustancial y  el clima de frenazo económico inducido por las decisiones oficiales se torne en permisividad y normalidad real, posibilitando de este modo un regreso al crecimiento del gasto de consumo, la inversión y la creación de empleo.

Una de las reflexiones que se han estado haciendo  muchos analistas en estas últimas semanas muestra, por otro lado, una posición bastante crítica con la decisión de  aprobar un aumento de los salarios de los funcionarios, aunque la cuantía de este aumento sea mínima, pero al haber coincidido con una etapa de inflación negativa ha suscitado  más críticas que agradecimientos.  Esa subida de salarios en un sector que  cuenta con empleo muy estable podría haber sido repartida entre otros sectores más castigados por la crisis, lo que  habría redundado posiblemente en una reacción de la economía más vigorosa.