La Deuda y los tipos, un dilema difícil

En un mismo día han coincidido dos circunstancias de récord para la Deuda Pública española. Por un lado, la cotización de la Deuda española ha roto a la baja su mínimo histórico y se ha situado en el 0,08% en los bonos a 10 años de plazo, lo que permite reducir la denominada prima de riesgo hasta los 64 puntos básicos. Esta caída se compara con la situación de algunos países europeos similares, como el caso de Italia, cuya rentabilidad en el plazo de 10 años se sitúa en torno al 0,60%, con una prima de riesgo con el bono alemán de más de 600 puntos básicos. Está claro que la confianza en el mercado español conoce uno de sus mejores momentos en los últimos años, lo que da un buen margen para la financiación de la economía, que falta nos hace.

La caída de los tipos que el mercado internacional otorga a la Deuda Pública española coincide con el nivel más elevado de endeudamiento del sector público español, que en septiembre, según los datos que esta martes ha dado a conocer el Banco de España, alcanzó los 1,3 billones de euros, cifra que supone un aumento del casi 105.000 millones de euros en un año y que equivale ya al 114% del PIB, frente al 95,5% del PIB que representó a finales del año pasado y desde luego bastante cerca ya de las previsiones del Gobierno, que había establecido un 118,8% del PIB.

Resulta bastante difícil de explicar esta dicotomía, ya que las previsiones económicas que se manejan tanto para España como para el conjunto de la economía mundial no justifican estos parámetros, lo que deja entrever la posibilidad de que el idílico estado de financiación barata sea algo más transitorio de lo que con frecuencia se considera. La financiación barata refleja el hecho artificial derivado de la inyección masiva de recursos que está realizando el Banco Central Europeo (BCE), pero esta situación no puede ser eterna, ya que acabará por deteriorar los circuitos de la economía y la competitividad exterior de las economías que en mayor medida abusen de esta docotomía.

La situación de la deuda es, por lo tanto, bastante complicada para la economía española. No obstante, los mercados siguen otorgando a España una confianza más que aceptable, confían en que seremos capaces de hacer frente a nuestras deudas en tiempo y coste y consideran que la economía española será capaz de remontar la crisis y hacer frente no solo a una estabilización del equilibrio presupuestario sino a una posible reducción del endeudamiento público.

Desde luego, los Presupuestos del año 2021 no parecen apuntar en esa dirección ni han esgrimido los medios adecuados para restaurar el equilibrio en las cuentas públicas, paso indispensable para frenar la espiral de Deuda Pública en que nos encontramos. Todo ello a pesar de que el coste de la Deuda se encentra en una situación casi simbólica, con un nivel medio del endeudamiento que no se conocía en España desde hace muchos años y que resulta bastante más bajo que el coste medio del endeudamiento al que debe enfrentarse el sector privado, situado en una clara posición de inferioridad respecto al sector público.