La década del Gobernador

El inicio del debate sobre el Presupuesto del año 2021 en el Congreso está deparando algunas declaraciones que merecerían una profunda reflexión y, por qué no, una apuesta por una revisión más realista de las cuentas públicas. El testimonio del gobernador del Banco de España, Hernández de Cos, una persona que suele morderse poco la lengua al hablar en público incluso si se trata de hablar del Gobierno, ha sido bastante revelador del choque que supone el Presupuesto del Estado para el año próximo.

La afirmación más contundente del gobernador es la de ponerle un plazo al periodo de tiempo que posiblemente necesite España para recomponer la economía y solventar el tremendo desgaste al que nos enfrentamos a causa de la pandemia y de los gastos extraordinarios en los que el país está incurriendo. Nada menos que una década, es decir, toda una generación para pagar los costes del esfuerzo colectivo en el que se está embarcando el país.

Ha empezado por decir el señor Hernández de Cos que la difícil tarea de realizar previsiones económicas en el momento presente se enfrenta a la situación cambiante de las medidas oficiales contra la pandemia. Con frecuencia diaria, los principales núcleos de población en España afrontan medidas adicionales de confinamiento y de cierre de establecimiento y restricción de horarios. Incluso se anuncia que estas medidas pueden extremar su intensidad en las próximas semanas si, como se desea, el número de personas contagiadas no experimenta un frenazo drástico. El efecto de estas medidas sobre la actividad económica está siendo inmediato y desde luego a la baja. Y en estas condiciones resulta bastante difícil realizar previsiones económicas que resulten fiables.

Es más, las expectativas económicas se están viendo seriamente dañadas, ya que la incertidumbre sobre el futuro implica decisiones negativas y de carácter restrictivo por parte de los agentes económicos, como el inevitable impacto sobre variables de importancia estratégica como la inversión. También sobre el ahorro y sobre el nivel de gasto y de consumo de las familias y de las empresas.

La década de recuperación que se nos presenta por delante se deriva del impresionante aumento del gasto, en especial del gasto público, que en unos momentos como los actuales resulta inevitable para hacer frente al deterioro de la economía y a las ingentes necesidades de tipo humanitario y sanitario que acompañan inevitablemente a una crisis sanitaria como la actual.

Quizás analizando con algo más de sensatez el panorama social y económico del momento, los redactores del Presupuesto del Estado y de los principales entes públicos deberían haber esmerado más al detalle el análisis de algunas partidas y de algunos capítulos del Presupuesto. Por ejemplo, aumentar los salarios de los funcionarios de forma indiscriminada en los momentos actuales, cuando la inflación no es precisamente una amenaza seria, ha sido una de las decisiones más polémicas y discutibles del Presupuesto. Se podría haber realizado alguna discriminación positiva en favor de los trabajadores de algunos sectores, como el sanitario. Pero un aumento indiscriminado parece fuera de toda lógica.

También es llamativo el aumento de algunos impuestos en momentos como los actuales, en los que muchos de sus destinatarios sufren en su situación económica una fuerte contracción de ingresos, lo que denota una falta de realismo en la elaboración de las previsiones presupuestarias que terminará por aparecer en forma de más déficit público, justo lo que hará más compleja la tarea de volver cuanto antes a un equilibrio presupuestario que facilite una recuperación económica lo más próxima posible. Lo peor de todo es que a lo peor, la década que pronostica Hernández de Cos va a resultar a la hora de la verdad algo más alargada.