El PIB, una verdad a medias

A la inmensa mayoría de los analistas y expertos les ha sorprendido la publicación del PIB español del tercer trimestre del año, emitido este pasado viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Al tratarse del organismo oficial por antonomasia en materia estadística, su veredicto está revestido por una apariencia de autenticidad difícil de rebatir.

Ha dicho el INE que el PIB español creció en el tercer trimestre del año un 16,7% sobre el trimestre anterior lo que equivale a un 8,7% de retroceso respecto al mismo trimestre del pasado año. En el segundo trimestre del año, el PIB había retrocedido un 17,8% sobre el primer trimestre del año. Las cifras son tremendas en su dimensión, aunque mucho menos dramáticas de lo que se esperaba. En resumen, la reacción de los expertos ha sido de contenida satisfacción porque las cosas en la economía van ciertamente mal pero ni tan mal como se estima ni lo suficiente como para suponer que la economía carece de resortes adecuados y suficientes como para retomar el pulso en esa tremenda lucha que mantiene con la pandemia. El país tiene resortes de recuperación que en momentos de tensión sacan a relucir la capacidad de recuperar parte del terreno perdido.

Lo malo es que ni se ha recuperado todo lo perdido (ya que en el segundo trimestre el retroceso fue de considerable envergadura) ni el horizonte inmediato aparece despejado. Más bien al contrario, el cuarto trimestre puede suponer un nuevo paso atrás en la evolución de la economía debido a las medidas de freno a la actividad que se están aplicando en estos momentos y que están conduciendo a paralizaciones de la actividad económica superiores incluso a las que ya habíamos padecido en el crítico mes de marzo pasado.

El Banco Central Europeo (BCE) ya anticipó hace unos días que las medidas de apoyo a la liquidez y a la compra de activos se iban a prolongar en el tiempo, con niveles similares a los actuales e incluso con algún grado de mayor intensidad. Está claro que los analistas del BCE poseen buenos datos para calibrar el alcance de la crisis económica en un entorno que se ha vuelto más incierto en los últimos meses. En una línea similar se han expresado algunos analistas y servicios de estudios económicos durante los últimos días. No hay, en suma, previsiones optimistas ni nada hace suponer que el estirón del tercer trimestre pueda ser interpretado como un anticipo de una mejora gradual que vendrá a continuación.

En las últimas semanas, el paralelismo entre las malas cifras de la pandemia y la adopción de medidas económicas cada vez más severas y paralizantes han alimentado la sensación de que esta crisis económica va para algo más de tiempo del que se esperaba y que el año 2021 no será un año de recuperación sino de transición, en el que la principal novedad que cabe esperar es la aparición de un tratamiento eficaz contra el coronavirus y el progresivo levantamiento de las restricciones a la actividad económica. La economía, en sí misma, no está en condiciones de ofrecer remedios a los males que nos aquejan. Es la ciencia médica y la conducta responsable de los ciudadanos y de los políticos los que van a enderezar la situación.