Dividendos bancarios, una digestión difícil

Los bancos están padeciendo este año un auténtico vía crucis bursátil, con pérdidas en su cotización que rondan el 50%, aunque algunos llegan a superar el 70%. Los más moderados en los descensos han sido hasta el momento los dos protagonistas de la única fusión en marcha, la que unirá en un próximo futuro a CaixaBank y a Bankia en la entidad mayor del sistema bancario español

Pero aún con una fusión de por medio, ambas entidades cotizan un 40% por debajo de principios de año y la fusión, que normalmente debería ser un aliciente para reforzar la valoración bursátil en la medida en que genera expectativas de mayor beneficio futuro para los accionistas, no ha logrado en este caso paliar los daños. Hay estímulos de todo tipo para animar a los bancos a fusionarse, tanto en el ámbito estrictamente nacional como en escenarios supranacionales.

Pero ni con esos estímulos parece que los bancos encuentren en estos momentos atractivo suficiente para que los inversores se muestren dispuestos a convertirse en accionistas. Es más, la limitación en el pago de dividendos decretada por las autoridades europeas hace unos meses para el sector bancario ha provocado un desplazamiento importante del dinero de los inversores hacia otras compañías cotizadas, en las que le expectativa de dividendo es superior a la nula rentabilidad que ahora mismo ofrecen los bancos en materia de remuneración al accionista. Varias entidades bancarias se han apresurado en los últimos días a anunciar propósitos de pago de dividendo para el año 2021, pero la promesa no ha encontrado suficiente grado de aceptación en el mercado. No se le ha dado apenas crédito. Menos aún porque algunos directivos oficiales del sector financiero han reincidido en la recomendación de que el dividendo en estos momentos no es recomendable.

La limitación en el pago a los accionistas tiene su base, en buena medida, a los costes que en los últimos años han tenido que afrontar algunos países (España sin ir más lejos) para poner dinero público para la salvación de algunos bancos, un dinero que no parece en principio en condiciones de recuperación.

Pero la limitación del dividendo, llegue por vía imperativa o no, descansa en otras cuestiones que afectan al sector bancario en estos momentos. Los bajos tipos de interés, incluso negativos, han terminado por reducir a mínimos los márgenes operativos del sector, lo que ha causado un importante quebranto a la capacidad de generación de beneficios.

En paralelo, la mala racha económica por la que atraviesa el país está provocando un incremento en la necesidad realizar dotaciones para cubrir la morosidad bancaria, es decir, para compensar aquellos créditos que los clientes dejan de pagar a los bancos, lo que requiere derivar una parte de los beneficios a tapar estos quebrantos. La suma de estos dos factores (bajos tipos de interés y cobertura de morosos) añaden dificultades para que los bancos puedan detraer dinero para la distribución de dividendos a sus accionistas.