Impuestos, sacar de donde no hay

El debate interno, en la coalición gubernamental, sobre el contenido del Presupuesto parece centrarse en la subida de impuestos como asunto principal. No parece, la subida, una buena noticia para quienes desearían ver una economía más floreciente y apostando por la inversión, el empleo y el crecimiento.

Desde luego, las subidas de impuestos no van a ser indiscriminadas. Hay dos o tres destinos favoritos en los que vienen insistiendo, con énfasis distinto según los casos, los representantes del PSOE y los del partido más radical, Unidas Podemos. Se trata de aplicar los baremos ideológicos habituales, sobre todo en los manuales de este segundo grupo, para incrementar la presión fiscal individual (sobre todo el IRPF, aunque también otros tributos destacados para las rentas altas) y la de las empresas, en especial las grandes.

Cabe preguntarse si en este amplio caladero se pueden lograr en las presentes circunstancias incrementos efectivos de recaudación teniendo en cuenta el castigo que están soportando algunos sectores de la clase media, incluso la clase media alta, propietaria de numerosos establecimientos, actividades y pequeñas empresas, sometidos en los últimos meses a un severo proceso de paralización, con instalaciones cerradas total o parcialmente y con una merma clara de la facturación y, por lo tanto, del beneficio.

Un análisis simplista de la situación no permite deducir que las bases imposibles sobre las que se sustentan los ingresos potenciales de recaudación tributaria vayan a permitir en las actuales circunstancias un crecimiento significativo de la recaudación. Ya resulta bastante dudoso que la recaudación pueda aumentar, pero considerar la posibilidad de un aumento de la recaudación en estas circunstancias es bastante ilusorio, por mucho que se incrementen los tipos de gravamen.

En el caso del sector empresarial, las cifras que se están viendo en estas últimas semanas sobre el resultado de las compañías medias y grandes no dan precisamente para hacerse grades ilusiones en materia de recaudación tributaria, incluso si los tipos de gravamen son objeto de una subida fuerte, impropia de una economía en recesión, en la que ha de primar el estímulo a la actividad sobre los retrocesos en los márgenes de beneficio disponibles para remunerar al capital en términos razonables.

Ya de por sí, el planteamiento que se deduce de este debate es lesivo para el crecimiento ya que las prioridades en las presentes circunstancias deberían orientarse a estimular la actividad y la inversión con objeto de multiplicar e impulsar la iniciativa de particulares y empresas en vez de poner obstáculos a su expansión. Las últimas estadísticas sobre la evolución de la pandemia han agudizado el sesgo negativo de la situación, lo que invita a medidas adicionales de paralización de la actividad económica. Si a este entorno severo y poco favorable al crecimiento le sumamos una estrategia presupuestaria basada en la idílica pretensión de obtener mayores ingresos fiscales, rascando los bolsillos de contribuyentes y empresas, el resultado es fácil de anticipar.