Las condiciones de la ayuda europea a España

Hay pocas esperanzas de que los fondos  financieros que la Unión  Europea va a distribuir entre los países miembros, en especial en favor de los más afectados por la crisis del coronavirus,  es decir  España e Italia, lleguen con la inmediatez deseable a los destinatarios. Las discusiones internas en el seno de la Unión han aumentado de forma considerable en las últimas  fechas. Esta semana puede ser importante para desatascar algunos de los inconvenientes que se oponen a un avance más rápido de las gestiones destinadas a   fijar el reparto  y las condiciones de la nueva financiación común.

Desde luego, para España este es un asunto de crucial importancia ya que las cifras rojas avanzan de forma  muy preocupante. Es curioso que este retraso en la búsqueda de soluciones coincida con una bonanza altamente favorable en los mercados, que se refleja en especial en la caída a plomo de los tipos de interés y las rentabilidades de la Deuda  Pública. En especial, es la deuda española la que ha visto más reducidos los intereses, ya que  la demanda de los inversores se ha reforzado sobre los bonos españoles, en una muestra de confianza en que España saldrá adelante en la solución a los problemas económicos actuales.

Algo que ciertamente nos honra, pero que siendo realista está  altamente supeditado a los flujos de dinero europeo que han de llegar a nuestro país en los próximos meses. En teoría, España cuenta con buenos  motivos de partida ya que el nivel de endeudamiento, aunque ha aumentado bastante en los últimos meses, se mantiene por debajo de algunas otras economías europeas  importantes, entre ellas desde luego Italia. La última estimación apunta haca un nivel algo superior al 115% del PIB a finales de este año, un tope que deberá ser eso precisamente, un tope, a partir del cual el nivel de deuda debería empezar a disminuir.

La entrega de dinero a España desde las arcas comunitarias va a estar severamente condicionada a algunas políticas de reforma económica sobre las que la Comisión Europea se está mostrando intransigente  en estas últimas semanas. Hay un  planteamiento político en todo el  abanico de medidas que  Bruselas se está exigiendo al Gobierno de  Sánchez.

La Comisión Europea se encuentra en manos de Alemania,  país que preside la Unión Europea durante este segundo semestre del año 2020.  Y Alemania no encuentra simpatía alguna en las propuestas que manejan algunos sectores del Gobierno español en materia económica.

La  simpatía que  el Gobierno alemán profesa por  los sectores populistas del Gobierno español  es indudablemente un obstáculo para avanzar en la concreción de políticas que permitan a la economía española abrir el camino hacia la adopción de estrategias que den vía libre a la entrega de fondos.

Es quizás una simplificación excesiva o simplista de la situación pero  la aceleración de estas ayudas  europeas  a España parece claramente supeditada  ahora mismo  a un giro importante en el Gobierno español. Cuestiones relacionadas con la regulación del  mercado laboral español o con  la estructura fiscal se encuentran en la base de ese visto bueno que España necesita para recibir el dinero europeo que necesita de forma apremiante.

Se habla ya de un retraso en estas entregas hasta finales del año 2021. Está claro que España no puede esperar tanto tiempo para superar los obstáculos que impiden una rápida salida de la  crisis económica actual.