Los bonos y la confianza en España

Esta semana, el tipo de interés de los bonos españoles, quizás el baremo que más fielmente refleja la confianza de los inversores en la economía española, se ha situado en mínimos desde hace bastantes meses. Desde el otoño del año 2019 no se veían tipos de interés tan bajos. Los tipos de los bonos bajan cuando la demanda de Deuda Pública española, en especial los bonos a 10 años, se dispara al alza. Es tal la presión compradora de Deuda española en los mercados que hay un buen número de referencias temporales (los títulos emitidos a menos de 5 años de plazo) que presentan tipos de interés incluso negativos, sobre todo en el caso de las Letras.

Los inversores compran bonos españoles ante la seguridad que les inspira la economía española y en estos momentos esa es la situación que se refleja en los mercados, a pesar de la caída del PIB español, el empeoramiento de los datos de contagios por la pandemia y las elevadas incertidumbres que rodean el futuro económico del país. A pesar de ocupar ahora mismo una de las últimas posiciones en Europa en lo que se refiere a la salud de la economía, los inversores confían en el efecto positivo de las inyecciones de dinero europeo que le han sido prometidas a la economía española.

La última arenga lanzada por el presidente Sánchez sobre la creación de empleo para los próximos años, una cifra de 800.000 puestos de trabajo que más parece una provocación que un pronóstico (que recuerda literalmente la famosa promesa de Felipe González cuando hacía méritos de gobernante recién llegado al poder), ha sido acogida en todo caso con frialdad en los medios económicos, que están ahora a la espera del próximo diagnóstico que va a realizar la Comisión Europea sobre las medidas que necesita aplicar España para hacerse merecedora de las cuantiosas ayudas europeas que le han sido reservadas en una primera aproximación.

La posición dominante en la Comisión Europea sobre el rumbo económico español no es del todo coincidente con lo que cotizan los mercados ya que no hay mucha confianza en la capacidad del Gobierno español para poner en marcha las reformas estructurales que la economía precisa, sobre todo después de que la crisis del coronavirus haya puesto de relieve las enormes carencias de la economía española en momentos críticos como los que estamos atravesando.

El elevado grado de dependencia que la economía española ofrece en relación con el sector servicios es uno de los puntos más críticos a que España tardará tiempo en recuperar la vitalidad del sector terciario, es decir, su indudable atractivo turístico, la capacidad de creación de riqueza en algunos sectores como el hotelero, el del ocio o el de la restauración.

Todos estos segmentos de la actividad económica necesitan encontrar pronto un relevo, en especial en las áreas relacionadas con el sector industrial y manufacturero, que es lo que permitiría recuperar la capacidad exportadora, uno de los componentes más cruciales de la economía nacional que en estos últimos meses han experimentado una fuerte erosión.