Subir impuestos no ayudará a la economía

El Gobierno sigue atascado con sus propuestas presupuestarias, aunque ello no es más que una parte de la falta de ideas claras sobre el futuro de la economía. Y sin esto último, las propuestas fiscales son de escasa credibilidad y menos utilidad. El centro del debate en el entorno gubernamental, básicamente en los debates que están desarrollando los dos principales valedores del Gobierno de coalición, parece centrarse en estos momentos en la forma de buscar el mejor encaje posible a las medidas fiscales.

La idea principal es reforzar la recaudación fiscal en unos 5.000 millones de euros, un refuerzo recaudatorio que tendría como principales destinatarios el refuerzo del IVA, incrementos en algunos tramo naturalmente altos del IRPF y supresión de deducciones fiscales en los planes de pensiones del sistema individual, ya que las citadas exenciones restan algo más de 1.500 millones de euros anuales a la caja del Estado. La batería de posibles subidas del Ibex abarca diversas partidas, entre ellas la educación privada y la medicina también privada, ambas utilizadas como es de suponer por sectores de rentas más elevadas.

En conjunto, de llevarse a cabo estas subidas fiscales, supondrían un importante golpe a algunos sectores de rentas altas de la sociedad pero también a sectores profesionales en donde se encuentran algunos de los colectivos profesionales más eficientes. Estos refuerzos a la fiscalidad tienen la mala expectativa de restar incentivos y calidad a algunos sectores de la economía y de la sociedad españolas en los que se apoya la eficiencia de algunas áreas profesionales, en ocasiones relacionadas con la educación. En suma, malas noticias no sólo para las rentas de algunos sectores profesionales que han realizado importantes esfuerzos de tipo personal para escalar posiciones en la vida social y profesional sino un riesgo para la calidad y la eficiencia de tales sectores, algo que resultará difícil de medir pero que posiblemente disminuya el bienestar colectivo y no solo de algunos sectores sociales.

La reforma de la fiscalidad en su vertiente de ingresos tendría, cuando menos, que resultar equiparable con un esfuerzo similar en los capítulos del gasto público. En este terreno, sin embargo, el Gobierno ya ha dictado sus propias estrategias de desarrollo, al suprimir los límites de gasto que solían ser un motivo de análisis anual tendente a cortar alas al déficit y al desequilibrio de las cuentas públicas.

Llevar a cabo un esfuerzo paralelo y similar en los capítulos del gasto al que se estudia para el de la recaudación es un propósito que daría mayor credibilidad a los agentes económicos mejorando sus expectativas de inversión y de rentabilidad. De momento, el lado de los gastos no ha hecho más que recibir impulsos alcistas, posiblemente necesarios, como los que tienen por finalidad adaptar loa estructura de gastos sanitarios a la demanda de una situación como la actual en la que la pandemia puede suponer un duro golpe para la sociedad española. Un golpe que no se va a suavizar mediante incrementos en la presión fiscal sino todo lo contrario.