Las dudas del teletrabajo

El teletrabajo ya ha comenzado a  dar sus primeros pasos legales, con una primera normativa que no carece de cierta improvisación ya que nace muy mediatizada por la situación de la pandemia, cuando el cierre de actividades empresariales ha provocado una avalancha de ciudadanos trabajadores realizando sus tareas habituales desde su domicilio, en  la medida en que la digitalización permite hacer muchas cosas a distancia, sin presencia física en el puesto de trabajo habitual.

Dicen algunos expertos que esta regulación urgente que acaba de ponerse en marcha, por fortuna con el acuerdo entre los agentes sociales y el Gobierno, nace bajo el signo de la improvisación forzada por la crisis sanitaria y que, por lo tanto, la regulación verdadera del teletrabajo habrá de venir con el tiempo de forma mucho más precisa y  con una regulación mucho más atinada.  Pero ya es buena cosa disponer de un conjunto de normas y reglas que permiten a esta nueva forma de trabajo echar a andar y resolver algunas de las dudas que se planteaban en el inicio, hace apenas unos pocos meses.

El abanico de dudas que se abre es muy  extenso. Una primera duda es la que trata de definir lo que es realmente  teletrabajo, es decir, la duración temporal de la dedicación y el escenario en el que se desarrolla. Se ha establecido un 30% como tiempo mínimo de actividad durante tres meses el que  afecta al ejercicio de esta modalidad laboral. Desde luego, otro de los presupuestos básicos es el que subraya el carácter voluntario y de acuerdo entre las partes a la hora de considerar su puesta en marcha.

El teletrabajo se ha de realizar en el domicilio particular del trabajador, lo que ya empieza a suscitar algunas dudas sobre los costes. Es decir, si  los gastos de esta actividad deben correr a cargo de la empresa y en qué medida y sobre qué tipos de  costes, tanto la ocupación parcial de la vivienda (algunas interpretaciones consideran que debería repercutirse un porcentaje del coste del domicilio particular o del alquiler, algo sobre lo que ya empieza a generar algunas sentencias judiciales en países que van más adelantados en esta materia),  como los costes de los equipos de trabajo (ordenadores, impresoras...) como sobre los costes de comunicación o las tarifas de adhesión a terminados servicios que resultan imprescindibles para  ejercer la actividad…

En suma, un amplio abanico y una casuística  que generan un amplio abanico de valoraciones en el ejercicio de la actividad, cuya distribución entre la empresa y el trabajador ofrecen importantes matices que resultan imprescindibles a la hora de fijar la retribución laboral.

Estamos, desde luego, en una nueva etapa de la cultura laboral, en la que habrán de establecerse los costes de desarrollo de la misma,  la asignación de tiempos de dedicación o el impacto en la productividad y el cálculo de la  misma, ya que existen notables diferencias entre los costes del trabajo presencial y el trabajo a distancia, diferencias  que ofrecen amplios márgenes según los sectores de los que se trate. El arranque de esta forma de trabajo no ha hecho más que producirse. Las dudas son muchas y más que se generarán en el inmediato futuro.