La fusión Caixa-Bankia, atascada

Los acuerdos para la fusión entre CaixaBank y Bankia estaban menos maduros de lo que se esperaba. En las sesiones de Bolsa transcurridas entre la filtración de la posible fusión entre ambas entidades y el viernes pasado, las acciones de Bankia han subido en torno a un 35% mientras las de CaixaBank apenas lograron un 12% de ganancia. Es decir, la operación es bien vista por los inversores y por el mercado, pero han un sentir mayoritario de que los precios de partida estaban fuera de la realidad. Es decir, Bankia vale más de lo que se decía en la Bolsa mientras Caixa Bank, saliendo reforzada de la fusión, no es tan valiosa como se decía.

Por lo tanto, hay claras discrepancias a juicio de las fuerzas del mercado y, en consecuencia, habrá que pelear duro y con tino para determinar el precio justo del intercambio de acciones. La horquilla de precios en la que se mueven los analistas y los representantes de ambas partes implicadas en la operación (Caixa y Bankia, o sea, la Fundación de la entidad catalana, socio mayoritario de esta entidad, y el FROB, organismo público propietario de algo más del 60% del capital de Bankia) ofrecen disparidades importantes.

La integración debe someterse a veredictos muy complejos. Hay uno, que es la valoración numérica y la comparación de balances, que no ofrece a primera vista tantas dificultades como el otro aspecto que forma parte de la valoración, es decir, el modelo de negocio de cada compañía y sus expectativas futuras de beneficio. Es en este segundo aspecto en donde las diferencias entre las partes han alcanzado tales niveles que han conseguido paralizar la fusión y forzar un aplazamiento de las reuniones de los Consejos de Administración de las dos entidades bancarias.

Es interesante recordar que los personalismos y las ambiciones individuales de ocupación de espacios de poder suelen generar desgastes interminables en este tipo de operaciones de integración. La experiencia de fusiones en España ha tenido muchos ejemplos de interminables batallas personales sin más contenido que la satisfacción de ambiciones personales. No parece que este sea el caso dada la distribución de funciones entre directivos procedentes de ambas entidades.

Como banco absorbente, CaixaBank cuenta con el predominio en el puente de mando de la entidad surgida de la fusión, al hacer valer su mayor peso en el balance conjunto además de su elevado grado de diversificación bancaria, ya que Bankia ha especializado su negocio en la financiación hipotecaria, con márgenes de beneficio más modestos y por lo general con grados de morosidad superiores.

La Caixa afrontó hace años su diversificación reduciendo el peso de la vocación hipotecaria a unos niveles bastante más acordes con lo que es un banco convencional, lo que le permite hacer extensible su modelo de negocio al conjunto de la nueva entidad surgida de la fusión. Las diferencias de valoración entre ambas partes no son excesivas, ya que oscilan según los cálculos entre el 4% y el 5% del capital. Pero de momento mantienen estancadas las conversaciones. Es difícil esperar un fracaso, pero es tal la proliferación de alternativas que cualquier cosa puede ser posible.