Las nuevas fusiones bancarias

Quizás la única sorpresa de la anunciada propuesta de fusión entre Caixa Bank y Bankia sea la  rapidez con la que se han movido algunas de las piezas de la operación. Todo lo demás parece bastante previsible, incluso la identidad de los dos protagonistas. En todo caso, la puesta en marcha de los trámites de esta fusión acaba de abrir el camino para nuevas operaciones, entre las cuales los nombres de BBVA y Sabadell  son los más frecuentes, no en vano  la cotización del Sabadell fue la más alcista durante el pasado viernes, junto a la de Bankia y la de Caixa Bank, incluso con mayor intensidad que esta última, lo que  constituye un claro indicio de que Sabadell está en la lista de las fusiones inminentes, sea con BBVA o con otra entidad.

La integración entre Caixa Bank y Bankia, con  papel secundario del Estado en su calidad de accionista (pierde, en este sentido, la mayoría del capital que todavía hoy ostenta en Bankia), abre numerosas incógnitas y pone al descubierto importantes decepciones. Entre las incógnitas hay que destacar indudablemente la posibilidad del Estado de recuperar parte del dinero puesto en su día en el saneamiento de Bankia, una partida de la que las arcas públicas solamente se han resarcido en unos 3.000 millones de euros, lo que deja pendientes de recibir cerca de 20.000 millones adicionales.

Hay una idea bastante extendida, la de que este dinero será de muy difícil recuperación. Pero también hay otra opinión no menos extendida, la de que una entidad más sólida como será  el banco resultante de la fusión entre Bankia y Caixa Bank ofrecerá mayores garantías  de resarcimiento a favor del Estado y, en todo caso, permite crear una entidad financiera más sólida que cada una de las dos de origen, lo que redundará en el beneficio del sistema financiero español y en conjunto en beneficio de la economía española.

El papel menos relevante que va a tener el Estado como accionista en la entidad resultante de la fusión  (15% frente al 62% que ahora tiene en Bankia)  no es, en todo caso, una baza decisiva, por mucho que los representantes de algún partido político, Unidas Podemos básicamente, consideren que se trata de una mala operación para el país. El Estado ve mejorada desde luego la posibilidad de obtener mejores dividendos en la nueva entidad que se supone más rentable y podría vender acciones a precios posiblemente más elevados que los actuales de Bankia.  Es probable que la posibilidad de recuperar dinero mejore para el Estado, pero en la misma medida es también altamente improbable que los 20.000 millones de euros que aproximadamente lleva perdidos en la operación de salvamento de Bankia.

La fusión en fase de ejecución tiene, en todo caso, la virtud de estimular una reflexión profunda en el sector bancario español, dando paso a posibles alianzas que `podrían resultar  bastante interesantes para una reconfiguración del sector, más rentable y más sólido, en línea con lo que posiblemente va a ser  la tónica europea en los próximos meses. Todo ello sin dejar de lado la hipótesis de un cruce de participaciones entre bancos españoles y extranjeros. Las fusiones que pareen avecinarse en España no solo tendrán como protagonistas a entidades española. Hay posibilidades bastante firmes de que alguna de las operaciones  incluyan cruces y alianzas con bancos extranjeros, lo que puede contribuir a  internacionalizar al sector y posiblemente a dotarle de una mayor solidez a medio plazo.