Ordenar las prioridades

Las reuniones de estos últimos días que protagonizan los  diversos representantes de los partidos políticos  tienen en teoría un objetivo fundamental, sentar las bases  para la elaboración del Presupuesto del año 2021. Es decir, los Presupuestos del Estado que  tomen el relevo a los del ejercicio 2018, ya que desde aquella lejana fecha España carece de  Presupuestos y los que  han regulado la vida financiera pública no son más que  renovaciones con remiendos diversos.  Pero, para asombro de  casi todo el mundo, las premisas y puntos de vista que están exponiendo los asistentes a estas reuniones  hablan de todo menos de contabilidad pública.

La primera premisa sobre la que deberían ponerse de acuerdo los interlocutores es la fijación de las líneas maestras del Presupuesto. A partir de esa prioridad se podría hablar de todo lo demás. No parece tener  la suficiente valoración el argumento básico con el que el país debería afrontar en estos momentos la tarea de disponer de un Presupuesto económico adecuado para afrontar el  principal problema al que nos enfrentamos, que no es otro que salir de la crisis económica y  resolver los graves problemas que ha provocado la aparición de la pandemia.

Frenar la expansión de la pandemia y  sentar las bases económicas para reactivar la economía deberían ser los dos  argumentos básicos sobre los cuales echar a andar la elaboración del Presupuesto  del Estado, ya que  la simple prórroga  de los anteriores Presupuestos, durante tres años seguidos, no resulta de utilidad.

Pero la realidad está mostrándose justo al revés. La última  incongruencia acabamos de verla este jueves, cuando se ha anunciado a bombo y platillo que el partido ERC se sentará a negociar los Presupuestos del Estado y a discutir sobre su posible elaboración y aceptación cuando se haya resuelto el caso previo del proceso de autodeterminación, el asunto de la amnistía para los políticos  catalanes  encarcelados y otras cuestiones de similar entidad.

Dicho de otra forma, estamos  construyendo la casa desde el tejado y sin que los cimientos hayan hecho acto siquiera de presencia. Con esta peculiar metodología, las posibilidades de avanzar en la solución de la crisis económica y la disposición de un Presupuesto adecuado a tal finalidad  son más bien escasas y las actuales negociaciones entre los grupos políticos pueden dilatarse en el tiempo más allá de lo razonable.

Estamos viendo cómo otros países afrontan esta doble tarea  sanitaria y económica con elementos adecuados y resultados a veces bastante favorables  mientras en España los  niveles de contagio de la enfermedad se multiplican y los grupos políticos se muestran incapaces de acordar medidas ni para lo uno ni para lo otro, centrando sus esfuerzos por el contrario en   resolver  agravios pasados, tareas pendientes y  diferencias de índole ideológica o programática, orillando la tarea de buscar soluciones adecuadas  para resolver  los asuntos centrales que nos preocupan a todos los ciudadanos.