Prisas en las fusiones bancarias

El debate sobre la oportunidad de las fusiones bancarias en España está sacando a la luz algunas discrepancias entre los  representantes del sector y los analistas y expertos. Hay un argumento que en las últimas semanas está agudizando  el alcance de este debate, el aumento de la morosidad bancaria y, sobre todo, el temor a un aumento acelerado de las incidencias empresariales que conduzcan a una acumulación de créditos fallidos en las carteras bancarias.

La presión de la morosidad crediticia puede convertirse, por lo tanto, en un acelerador de las dificultades  en el sector financiero, en especial  si ponen de relieve una mayor debilidad por parte de algunas entidades, ya que en los últimos meses han quedado patentes las distancias entre bancos españoles a la hora de contabilizar  sus  niveles de insolvencia.

Existe la sensación de que al proceso de concentración bancaria vamos a llegar antes de lo previsto y que en ello va a tener una gran importancia, decisiva según algunos, el grado de ayuda que precisarán algunas entidades cuando empiecen a llegar a su vencimiento los créditos  que en estos últimos meses han recibido los avales públicos que se han multiplicado como consecuencia de la pandemia.

Estamos, por lo tanto, en una fase en la que todavía se pueden  llevar a la práctica algunas fusiones   de carácter voluntario antes de que la concentración de entidades devenga en un asunto forzado, con intervención incluso de las autoridades financieras. En los últimos meses, además, hemos podido comprobar el distanciamiento de las entidades financieras entre sí cuando  contemplamos su evolución bursátil.

La tarea de ajustar estructuras y tamaños se ha acelerado entre los bancos españoles en los últimos meses, a pesar del fuerte ajuste realizado desde el inicio de la anterior crisis, en el año 2008. No está, ni mucho menos, superada la crisis de solvencia de los años más duros de la anterior crisis económica y financiera, que puede darse por   finalizada  en el año 2013.

A  partir de  esta última fecha se han redoblado los esfuerzos del sector bancario con vista a mejorar la competitividad y la adaptación a las nuevas tecnologías que se están imponiendo con enorme rapidez, dejando al descubierto las ineficacias de algunas entidades más vulnerables. A esta carrera en la búsqueda de la modernización tecnológica se han sumado otras circunstancias, como  el reforzamiento de las tareas de supervisión bancaria por parte de las autoridades financieras e incluso  las limitaciones en el reparto de dividendos o en la remuneración de los directivos, en un sector que se caracteriza por generosos desembolsos monetarios en favor de las cúpulas directivas.

Por si todo esto no fuera suficiente, la crisis de la pandemia ha añadido mayor dramatismo a la situación del sector, que se encuentra posiblemente  en vísperas de una importante reorganización tanto a nivel nacional como en el ámbito más amplio de la Unión Europea.