El vaivén de los indicadores económicos

Los  indicadores económicos españoles nos están sumiendo en un mar de incertidumbres.  Sus cambios y oscilaciones son frecuentes. Este lunes, la OCDE ha dado un anticipo de sus  estimaciones del mes de julio y España no sale bien parada  en absoluto, no solo  porque la evolución es negativa respecto al mes de junio sino porque hay un  distanciamiento preocupante entre  el rumbo de la economía española y la de otros países de nuestro entorno.

Parece inevitable la correlación  entre la evolución de la pandemia y el trayecto de la economía. En las últimas semanas,  el aumento del  número de contagios ha sido palpable en un elevado  número de Comunidades Autónomas. Y parece que la economía lo está pagando con dosis crecientes de inactividad,  ya que proliferan las medidas de cierre de establecimientos, limitación de actividades públicas para impedir que proliferen los contactos  generadores de transmisiones, restricciones en suma que  afectan al empleo y a la actividad económica. Hay numerosos signos de malestar entre los  promotores empresariales y  hay una palpable merma de  la confianza del público y de los inversores y consumidores.

Esta correlación parece estar causando efectos poco satisfactorios en el mes de julio. Indicadores del mes anterior, el de junio, habían dejado rastro positivo en algunas actividades, sobre todo las manufacturas y algunos sectores industriales arropados por el relativo despertar de la exportación. Ahora, quizás por el impacto más reciente del temor a una  segunda oleada de la pandemia, las cosas se están complicando y parece que  la economía española pierde comba en relación con la de países similares de Europa.

España tiene que recuperar el liderazgo europeo en crecimiento económico que había ostentado en los dos o tres años anteriores al inicio de esta pandemia para mermar el diferencial que se está produciendo en materia de falta de oportunidades de trabajo, de desempleo.  El informe de indicadores de la OCDE apunta hacia señales  preocupantes, ya que en julio no  solo se registró un retroceso de cierta cuantía frente a los indicadores de junio, sino que se está produciendo un retroceso en relación con otras economías de la zona europea, básicamente sobre Alemania, Francia e incluso Italia.

La estructura económica del país tiene mucho que ver con estas diferencias en el ritmo de recuperación. Alemania ha puesto antes que el resto de  los países europeos de primera fila su importante capacidad exportadora industrial. España,  potencia turística de primera fila mundial, está pagando la factura de  la mayor crisis que viene sufriendo este sector desde hace muchos años,  de ahí que nuestra economía está registrando una merma en el potencial de crecimiento.

Para rebajar estas diferencias  de crecimiento  entre países habría que buscar una cierta convergencia  entre estructuras  productivas, algo que no resulta fácil de conseguir a corto plazo y menos aún en un estado de pandemia con importantes problemas sanitarios que limitan la capacidad de reacción de los ciudadanos, de las empresas y de los Gobiernos.