La desigualdad crece en España

La desigualdad  está tomando protagonismo creciente en la economía española. Pero esta vez, con motivo de la pandemia  del coronavirus, los desequilibrios no solo afectan a las personas y a los grupos sociales, sino también a las zonas geográficas del país. Con las primeras cifras de ámbito regional en la mano, tanto el descalabro de economía como su posterior recuperación están mostrando fuertes diferencias entre las diversas regiones españolas.

La pandemia ha causado un frenazo importante en la economía en general, pero este freno ha sido muy superior en algunas regiones españolas y bastante más liviano en otras. La estructura productiva tiene un importante desempeño al aflorar estas diferencias. Dado que el turismo es el mayor generador de riqueza en el ámbito nacional, las zonas eminentemente turísticas de la geografía española han sufrido con mayor énfasis el retroceso del PIB.

Baleares  es la zona de la geografía española que se ha llevado la palma en caída del nivel de actividad económica durante el segundo trimestre del año en curso, con más de un 26% de decaimiento frente al 18,5% de  retroceso en el conjunto del PIB español. Tras las Baleares, las regiones con claro predominio turístico han sido las más castigadas en estos últimos meses, caso de Cataluña, Valencia o las Islas Canarias. En estas regiones se producen más cosas que  actividades turísticas, pero la dependencia frente a este sector es determinante y acaba por  contrarrestar las aportaciones positivas de otros sectores. A la postre, la España insular más  la zona  oriental dibujan una geografía  severamente castigada por la pandemia.

De la misma forma, la capacidad de reacción de estas  zonas de la geografía española está siendo más lenta por lo que su posición en el conjunto del PIB nacional  va a resentirse durante los próximos dos o tres años, según los análisis más extendidos. Sería una buen a ocasión para reforzar su diversificación productiva y dotar de mayor vigor al sector manufacturero, en especial en Cataluña, en donde ya existe una base industrial potente. Lástima que en estos momentos la crisis de Nissan se haya convertido en un freno importante, que amenaza con acumular problemas durante los dos o tres próximos años, periodo de tiempo que se estima que durarán los efectos negativos de esta empresa automovilística.

La otra cara de la economía española, zonas en las que el PIB ha retrocedido por debajo de la media,  está liderada por  regiones como Extremadura (su PIB apenas ha retrocedido  poco más del 12%) en las que el perfil de baja presencia del sector turístico se suma a la moderada importancia del sector manufacturero y por lo tanto  baja capacidad exportadora.  Junto a Extremadura hay otras Autonomías con moderada caída de la actividad  económica, como Andalucía, Galicia, las dos Castillas y Cantabria, en las que hay un patrón bastante común, la presencia sólida de la actividad agrícola y unas moderadas aportaciones de otros sectores, como el industrial y  el de los servicios.

La crisis de estos años de frenazo en la actividad tradicional de la economía española puede ser una buena ocasión para modificar la excesiva polarización sectorial que tantos problemas puede generar en momentos como este  en el que el foco de la crisis se concentra de forma excesiva.