Estrategias para mitigar el paso

La evolución de la pandemia  está  marcando decididamente el calendario de los Gobiernos y de los bancos centrales en materia económica. La decisión de la Reserva Federal estadounidense de alargar sus facilidades crediticias y de liquidez en todos los ámbitos hasta finales de año, en vez de cortar con todo el paquete de acciones a finales de septiembre, es un asunto de doble  alcance ya que por un lado muestra cierto pesimismo sobre la  situación de la mayor economía del  mundo al tiempo que permite suponer que  los efectos económicos negativos van a resultar aminorados a escala global, no solo en Estados Unidos.

La intensidad de la pandemia está superando claramente las peores previsiones y esa sensación en especialmente patente en  la mayor economía del mundo. En el caso español,  el segundo trimestre del año acaba de aportar ya un  balance provisional que previsiblemente  sufrirá un empeoramiento en el curso del tercer trimestre del año, a la vista de lo que estamos viendo en estas  últimas semanas.  De momento, la tasa de paro se ha disparado hasta cotas  del 15,3% de la población activa, todavía algo lejos del 25,8% alcanzado en el peor momento de la crisis anterior, en el año 2012 y parte del año 2013.

En este tercer trimestre es cuando se contabilizan en su mayor medida las cifras de sector turístico, que acaba de sufrir un severo mazazo con la incomprensible decisión británica de cerrar sus  desplazamientos a España, cuando todas las evidencias disponibles señalan que el estado sanitario en España en lo tocante a la pandemia es por lo menos similar si no mejor que el británico, según insisten las propias instancias inglesas.

Desde el inicio de la pandemia, postrimerías del primer trimestre, hasta finales de junio, en España se han perdido  poco más de un millón de empleos, de los cuales casi la totalidad corresponde al sector privado y apenas 22.000 al sector público, lo que  pone de relieve una vez más la posición más defensiva con que cuentan los empleados del sector público en todos los niveles respecto a los colegas del sector privado, sobre todo en etapas de baja actividad económica.

Una parte de esta desproporción ha quedado  suavizada por  la extensión de los ERTE, que está mitigando de forma considerable el impacto de la crisis económica en el empleo del sector privado y en especial en algunos sectores fuertemente ligados a la debilidad de la economía más  pegada a la crisis, como el turismo o el ocio. Es decir, las cifras conocidas hasta ahora del segundo trimestre son menos malas de lo que se esperaba pero tenderán a empeorar e lo largo de  lo que resta de verano, lo que puede situar bastante por encima del 15% la tasa de paro prevista.

La forma en  la que se está desarrollando esta crisis económica ofrece, sin embargo, algunos rasgos diferenciales frente a etapas anteriores que deberían empujar a las autoridades y a los agentes económicos a remodelar  los mecanismos de empleo. En especial en  lo que atañe al teletrabajo, en donde existen bastantes posibilidades de  mejora de la  ocupación que hay se han dejado ver con claridad. El peso del teletrabajo en España alcanzó al 16% de la población  ocupada, en contraste con el 4% que representaba en estos últimos años. Está claro que existe en este aspecto una vía  de crecimiento que  puede contribuir a mitigar de forma sensible el deterioro del mercado de trabajo.