Menos y más despacio

A medida que avanza el año aumentan las bajas previsiones económicas que se ciernen sobre la economía española. Se daba por descontado que la recesión se llevaría por delante el año 2020 y que la recuperación no se demoraría mucho, con esperanzas elevadas de hacer aparición en escena durante el año 2021. Quedan cada vez menos optimistas que se apunten a esta hipótesis. El año 2022 aparece en escena como la gran esperanza de logro del equilibrio a partir del cual caben ya algunas esperanzas.

Por supuesto, son todo especulaciones y dibujos sobre el papel, pero el ánimo de los agentes económicos no da para tanta satisfacción. La “V” se ha ido desdibujando por la parte baja y la remontada se va a hacer esperar algo más de lo previsto y deseado. El empeoramiento durante las últimas semanas de las previsiones tiene su origen en la evolución de la pandemia, que ha empeorado de forma preocupante en las dos últimas semanas.

Ni qué decir tiene que la multiplicación de brotes y la divulgación de fenómenos de contagios del coronavirus están en la base de este clima de menor optimismo, ya que el impacto sobre la actividad turística, no solo la que protagonizan los turistas extranjeros sino incluso la que tiene su base en la movilidad de los propios ciudadanos españoles, está superando las previsiones ya de por sí poco agradables. Puede que pasemos el verano con un 70% de la planta hotelera con las puertas cerradas, según están extrapolando algunos expertos del sector a la vista de los decepcionantes resultados del mes de junio. Las empresas del sector del ocio y de la hostelería manejan niveles de actividad muy por debajo de la que se estimaba hace unas pocas semanas, de forma que el peso de la actividad efectiva en el sector quizás no llegue al 40% de la actividad.

Son niveles de actividad que costará remontar más de un año, según las previsiones más habituales. La oleada de contagios de estas últimas semanas y el pesimismo que existe sobre la evolución sanitaria en los meses venideros están contribuyendo a crean un clima de pesimismo entre la población, con claras señales de aumento de la tasa de ahorro y contención del consumo.

En suma, el optimismo que se ha podido desatar desde la reciente cumbre europea en la que España ha conseguido logros de cierta importancia en el terreno de las ayudas financieras parece haberse diluido de forma bastante firme en el curso de la última semana, en parte debido a la propia evolución sanitaria y en una parte no menos importante a la ausencia de medidas firmes para lograr que la población asuma unas pautas más responsables a la hora de mitigar o contrarrestar los riesgos de los contagios. El país percibe una escasa eficacia en las medidas del Gobierno en esta materia.

La capacidad del Gobierno para darle un vuelco a la situación y convertir el aparente éxito de las ayudas europeas en una clara garantía de recuperación económica está quedando en entredicho, aunque todo dependerá de las directrices de los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo. Los Presupuestos del Estado van a ser una importante oportunidad para movilizar a los agentes económicos y sociales.