La pandemia y la responsabilidad

Los contagios por coronavirus se han disparado en los últimos días en diversos puntos de España. La  escalada alcista es muy preocupante y las autoridades parecen desbordadas aunque procuran mantener una cierta contención y una posición de equilibrio. No se sabe bien si esta es una buena actitud o por el contrario podría causar daños mayores,  ya que en el origen de la extensión de la epidemia se encuentran actitudes que muestran tanto la irresponsabilidad de algunos sectores de la población (hay un porcentaje muy elevado de jóvenes infectados, a diferencia de lo que sucedió en las primeras etapas, allá por el mes de marzo)  como la aparente falta de advertencias y medidas por parte de las autoridades.

Lo cierto es que  la extensión de la oleada de contagios  es un grave problema al que habrá que contraponerle medidas mucho  más enérgicas y severas. Después del importante acuerdo para la reconstrucción aprobado estos últimos días en Bruselas para sacar a la economía de la crisis, el empeoramiento de estos días implica un evidente paso atrás y una necesidad adicional de recursos sanitarios y financieros que pueden desbordar las disponibilidades de medios y recursos de  los países europeos.

La primera conclusión que se puede extraer de la multiplicación de los casos de contagio es el incremento de los problemas sanitarios. No hay sistema sanitario que sea capaz de resistir una extensión masiva de la epidemia como estamos viendo de nuevo. De poco vale   inyectar y ampliar recursos sanitarios para atajar  los problemas si de la misma   forma y en paralelo la gente se empeña en pegarse un tiro en la cabeza,  incrementando la asunción de riesgos y  adoptando actitudes temerarias frente a los  riesgos del contagio.

La  aceleración de los contagios  no solo pondrá en  una severa crisis a los recursos sanitarios, que ya en los meses pasados se vieron ampliamente desbordados, sino que afectará también al deterioro de la economía, agudizando la paralización  de actividades por el cierre de  zonas de ocio o de esparcimiento, que terminarán por generar daños importantes a la vida económica por en menor empleo, los despidos de personas en muchas actividades y la quiebra de muchos negocios, sobre todo los de medio y sobre todo pequeño tamaño.

La responsabilidad de los ciudadanos juega un papel muy destacado a la hora de frenar  la expansión de los   contagios.  Las autoridades deberían adoptar medidas más enérgicas en la prevención de las conductas  de algunos sectores de la población. Ya el hecho de que estemos en una severa crisis turística (en junio llegaron apenas un turista de cada diez que habían llegado en el mismo mes de estos últimos años)  es bastante  significativo del grado de extensión que podría llegar a tener la epidemia sanitaria. Los datos de estos últimos días en los que se reflejan las elevadas  cifras de contagios  se centran sobre todo en segmentos de la población española. Un aumento de los movimientos turísticos desde el exterior podría llegar a tener efectos devastadores.