Las contrapartidas del acuerdo europeo

Salió bien. Posiblemente se trata del  acuerdo más ambicioso y desde luego el más laborioso  de gestación de cuantos ha abordado la Unión Europea en su corta historia para levantar una economía destrozada y sin perspectivas de salida rápida tras la pandemia inesperada que ha provocado la casi  paralización de la actividad.  La solución que han arbitrado los dirigentes  europeos  se enfrenta ahora a la prueba de la realidad, pero lo más destacable del plan de reconstrucción europeo es la mezcla de mecanismos  financieros que se van a desarrollar para  dinamizar la actividad económica en un plan de tiempo que resultará bastante escaso.

El acuerdo político presentaba sus principales dificultades en las distintas filosofías con las que cada Estado  miembro afronta sus remedios para salir de la paralización económica, sin dejar de considerar el hecho de que el grado de impacto que la pandemia ha  descargado sobre los 27 Estados de la UE difiere en algunos casos de forma bastante grave.

España e Italia han sido, junto a Gran Bretaña, de incorporación más tardía a la crisis,   los países que mayor apoyo van a recibir por parte de la Unión Europea. La  dualidad de estos apoyos, en parte financieros, en parte subvenciones a fondo perdido, va a plantear bastantes problemas, ya que la UE no está muy acostumbrada a los repartos de dinero de forma incondicional. No es que no existan, es  que encajan mal en la dinámica de funcionamiento de la Unión, en donde  las cosas se hacen respetando de alguna manera las normas básicas de la competencia y de la economía de mercado

El acuerdo  al que han llegado los países europeos parece aceptable para España en la medida en que nuestro país puede  llegar a recibir una compensación financiera equivalente en torno al 6% del PIB sumando el impacto posible en dos ejercicios. Es decir, las ayudas del fondo de reconstrucción pueden  devolver un cierto equilibrio a la economía española, que este mismo año de 2020 podría sufrir un retroceso superior al 10% del PIB nacional. Las cuentas son desde  luego bastante más complejas, pero en una primera aproximación el coste de la pandemia parece razonablemente compensado con los 140.000 millones de euros que aportará a España el fondo europeo, de ellos 72.700 millones en  calidad de subvenciones.

Pero la cuestión debería ir más allá.  El pacto de reconstrucción europeo  impone algunas condiciones importantes a España (como a los restantes receptores de ayudas) ya que el incumplimiento de compromisos en materias como la legislación laboral,  en particular en materia de flexibilidad del mercado de trabajo,  la financiación del sistema público y privado de pensiones  de pensiones, el control del gasto público  en general  y algunas otras materias relacionadas con la actividad económica del Estado,  pueden  derivar en una interrupción de las ayudas financieras a España  mediante el previsto mecanismo de suspensión de emergencia.

Para España, el contenido del  acuerdo europeo de reconstrucción debería ser más una oportunidad para arreglar  desajustes de tipo estructural en la economía española que para buscar un equilibrio que los últimos Gobiernos no han logrado alcanzar por la vía presupuestaria y fiscal habituales.