Un compromiso histórico con el déficit

No podía faltar una alusión abierta y directa del informe anual del Banco de España al  problema de la Deuda Pública. La crisis del coronavirus ha disparado hasta niveles  claramente  inviables el peso de la Deuda Pública española en el conjunto de la economía nacional. Y esta situación requiere remedio, claramente con dos rasgos: abordar el asunto con urgencia y ponerle una fecha creíble a la consolidación fiscal. Es decir, devolverle la viabilidad y la credibilidad a la economía española cuanto antes y sin fantasías.

El informe del Banco de España realiza un riguroso análisis de la situación, como es habitual en este organismo, por cuyas manos pasan todos los datos necesarios para realizar un buen análisis y diseñar una  estrategia adecuada con vista a solucionar los problemas, endémicos en buen número de casos. No hay que remontarse muy atrás para encontrar en el cercano año 2019  alguno de los problemas que han condicionado el desarrollo posterior de la economía  y la deficiente  entrada de España en esta difícil fase económica ligada la pandemia.

El disparatado crecimiento del gasto público y la acelerada expansión del déficit público (con España situada ya en la primera fila, junto con Italia, de los países más desequilibrados de Europa) están desde luego en  el origen de buena parte de los males que se han puesto de relieve en los meses más duros de la etapa de confinamiento, el primero de ellos el desempleo, que se ha disparado hasta niveles récord.

La puesta en marcha de un plan serio y eficiente, además de apoyado políticamente por un amplio segmento de las fuerzas políticas que le garantice su cumplimiento, cuyo objetivo apunte hacia el restablecimiento del equilibrio fiscal en el medio plazo, es la tarea más apremiante y necesaria que ven los expertos del Banco de España a la hora de enderezar el rumbo de la economía. No es un objetivo fácil, ni puede considerarse carente de exigencias, pero los expertos del banco consideran que España debe echarse sobre los hombros la  ineludible tarea de cuadrar los Presupuestos cuanto antes.

Las fantasías con las que algunas fuerzas políticas tratan de alcanzar este objetivo mediante subidas espectaculares de los impuestos que gravan a los grandes patrimonios  tienen  poca cabida en las  propuestas del Banco de España, que más bien apunta hacia un aumento de los ingresos fiscales que procedería de la suma de los ahorros procedentes de la eliminación de numerosas exenciones y desgravaciones fiscales, que en algunos casos están mermando la competitividad exterior del país, la subida del IVA hasta su igualación con el que predomina en la mayor parte de los países europeos, la adaptación de la fiscalidad indirecta en algunos sectores que se benefician de tipo super reducidos, la puesta en marcha de una fiscalidad  apropiada para una economía  que busca corregir los fenómenos de deterioro del medio ambiente y la alineación internacional con las nuevas fiscalidades que tratan de darle un tratamiento más homogéneo a las actividades de las grandes corporaciones, son algunos de los retos pendientes que habrá de afrontar la fiscalidad española para  darle unos  objetivos más realistas a la capacidad de recaudación fiscal.

En el ámbito de la fiscalidad directa, en donde por cierto las diferencias entre tipos de gravamen españolas y europeos son bastante menos  aberrantes de lo que tratan de pregonar algunos grupos políticos con  sus  propuestas teñidas muchas vece de demagogia y de falta de un mínimo rigor analítico, también se pueden realizar  adaptaciones de la fiscalidad que, sin afectar a los incentivos de productividad y de inversión, logren mejorar  los ingresos tributarios al servicio de un  déficit cada vez menos perjudicial para los intereses del conjunto de la economía.