El timón europeo de Merkel

La Unión Europea ha iniciado el mes de julio con un importante desafío en su agenda, el de consolidar la UE en  su momento histórico más difícil, en el que se suman al menos tres peligros de alto voltaje: la pandemia del coronavirus, la profunda crisis económica que se ha desatado desde el mes de marzo cuando los rasgos y los peligros de la enfermedad fueron patentes y, como tercer asunto, la conclusión del Brexit, es decir, la salida pactada de Gran Bretaña del redil de la Unión Europea.

Tres tareas complejas  cuya resolución le ha sido encomendada, por el azar  del sorteo  y de los turnos, al país más fuerte y sólido de la UE, Alemania, es decir, a su canciller Angela Merkel, dirigente germana que vive en estos momentos su cuarto mandato al frente de la mayor potencia económica y política de la Unión.

Tras el mandato de Merkel, que culminará en diciembre de este año, llegará el  turno  presidencial de la UE de nuestro vecino Portugal, un país que acreditó en los últimos años  sus excelentes dotes directivas ya que es el país europeo de pequeño tamaño que mayor densidad de dirigentes ha proporcionado a las instituciones mundiales, tanto de ámbito global (empezando por Naciones  Unidas) como  europeo (el ministro de Economía, Mario Centeno, acaba de abandonar  la dirección del  Eurogrupo, que  reúne a los ministros económicos de la UE, con posibilidades que  acceso al relevo por parte de la española Nadia Calviño.

Se podría decir, con la llegada de Nerkel a la presidencia de la UE desde esta semana,  que se trata de una afortunada circunstancia ya que si alguien posee en la Unión los  méritos y la capacidad para ejercer un liderazgo capaz de salir con bien del  triple desafío, esa tarea encaja mejor que en ningún caso al binomio Alemania-Merkel. Es el país  políticamente  más estable de Europa  y con el liderazgo más sólido de la UE y es  toda una garantía para que Europa salga con bien del empeño de consolidar un bloque más sólido, fuerte y competitivo.

La tarea inicial que afronta Merkel en esta primera parte de su mandato es la creación de un plan de reconstrucción, con el que la Unión Europea deberá hacer frente a la impresionante caída de la actividad económica, sin precedentes desde la fundación de la propia UE. Un plan en el que la UE se ha desmembrado en dos grupos de países, los denominados “frugales”,  los cuatro países que ponen en solfa la  posibilidad de una política económica solidaria entre los miembros de la Unión.

Mucho músculo necesitará la UE para  lograr una cohesión de sus políticas y en  la aportación y posterior reparto de los 750.000 millones de euros que deberían lograr esa difícil tarea de devolver a la UE el papel de potencia económica y política de ámbito mundial respetada e influyente, con el euro como moneda de vanguardia. Ras el pan  de reconstrucción  europeo, Merkel afronta tareas no menores, como el  Presupuesto comunitaria a medio plazo a 7 años,  la definitiva arquitectura de la futura relación entre la UE y el Reino Unido y la no menos importante labor de resolver el problema migratorio y la integración de los millones de ciudadanos de los países limítrofes, que  aspiran a  encontrar un espacio dentro de la sociedad europea.

Llevar a cabo estas complejas tareas requerirá  encontrar un equilibrio adecuado entre las dos tendencias contrapuestas que luchan por abrirse paso en el seno de la UE, los populismos por un  lado y las fuerzas conservadoras por el otro. Semestre,  sin duda,  cargado de dificultades.