Los obstáculos internos del Pacto de Recuperación

Hay dos planos en los que se están desenvolviendo la puesta en marcha del Fondo de Recuperación de la UE, el comunitario y el español. En realidad hay un plan por cada Estado miembro, aunque las fuerzas han ido agrupándose en torno al menos a dos grandes tendencias. Por un lado, el grupo denominado de los países “frugales”, como ellos mismos se han denominado, que está integrado por Países Bajos, Suecia, Austria y Dinamarca, con Mark Rutte, premier holandés, como cabeza visible de esta tendencia en la que se han agrupado las ideas del sector europeo más conservador en lo que atañe al posicionamiento sobre el Fondo de Recuperación.

De momento, el enfrentamiento entre este grupo y el resto de los países miembros de la UE ha conducido a dos cosas: la paralización del fondo cuya finalidad es rescatar a la UE de la grave crisis económica en la que se ha fundido y el alargamiento en el tiempo de las medidas para salvar la Unión Europea. Hay en realidad algo parecido a un abismo entre lo que piensan los cuatro “frugales” y lo que resulta tendencia dominante en el resto de la UE.

Dentro de este segundo grupo se encuentra lógicamente España, que desea cuanto antes disponer del dinero para vivir algo parecido a una operación rescate. La diferencia entre unos y otros no solo reside en la generosidad a la hora de aportar dinero o en la urgencia apremiante por recibirlo. La diferencia está en las condiciones para aportar el dinero y para emplearlo de forma constructiva y eficiente. Y esa diferencia es la que abre severas distancias entre ambos grupos. Los primeros, los “frugales”, la “Europa rica”, quieren poner condiciones. Los segundos quieren una generosidad incondicional para resolver los problemas, sus problemas. El abismo que separa a ambas partes es casi abismal ya que existen diferencias culturales y políticas que llegan a alcanzar niveles inasumibles.

En estas condiciones, esperar un acuerdo entre los países miembros de la UE en unas semanas se antoja prácticamente imposible. Los países “frugales” pretenden imponer condiciones muy estrictas en el empleo del dinero que fluya desde la UE desarrollada hacia los Estados miembros más necesitados, entre los cuales destacan los países mediterráneos y sobre todo, Italia y España, dos países a los que la crisis derivada de la pandemia ha castigado de forma especial.

El otro plano, el estrictamente nacional, plantea serios problemas de viabilidad en algunos países, como es el caso de España. La composición del Gobierno actual hace prácticamente inviable la firma y la aceptación por parte de España de un Fondo de Recuperación que imponga condiciones que chocan abiertamente con los postulados y con los principios que algunos de los partidos integrados en esos Gobiernos consideran auténticamente heréticos. Las condiciones que pretenden imponer los países del núcleo duro de la UE a los países receptores de las ayudas financieras solo podrían ser admitidas si esos países, caso de España por ejemplo, reorganizan sus alianzas internas y dan paso a Gobiernos más homogéneos con los que ahora mismo gobiernan en la mayor parte de los países europeos. Es fácil deducir que en el caso español ello conduciría a una auténtica revolución política. Sin un cambio radical del Gobierno español, el Fondo de Recuperación europeo, tal y como ahora mismo se está discutiendo, en inviable. Cuanto antes afronte Pedro Sánchez esta realidad mayores serán las posibilidades de que el Fondo eche a andar en el momento necesario, desde luego no más allá del mes de julio.