Datos macro y pandemia

La evolución de los mercados sigue fuertemente condicionada por las señales que emite el desarrollo de la pandemia. Ya se suponía que existiría una estrecha relación entre las señales macroeconómicas y las sanitarias, pero a la hora de la verdad esta correlación está siendo demasiado estrecha y, además, los signos de evolución de la pandemia evolucionan peor de lo que se estimaba hace unas pocas semanas, cuando se empezaron a levantar las señales de optimismo en la creencia de que la pandemia era asunto encarrilado.

No sólo no es así sino que se está produciendo un empeoramiento apreciable cuyo origen parece encontrarse en el inadecuado tratamiento de la enfermedad y de las medidas sanitarias y de índole preventiva que se están adoptando y recomendando por los diferentes Gobiernos. Estamos en vísperas de la campaña turística en Europa, lo que significa que algunos países, como España, para los cuales la actividad económica que rodea el turismo en esencial, se juegan su futuro económico inmediato.

En algunas instancias europeas se recomienda abrir las puertas del turismo ya desde el 15 de junio para los países miembros. En otras partes se plantea como fecha de referencia el primero de julio, aunque para el resto de países fuera de la zona euro. Los Gobiernos dudan entre las alternativas posibles: si hay que abrir las puertas de la actividad de par en par para que la economía se recupere con fuerza y lo antes posible o si, por el contrario, hay que extremar las precauciones para evitar que la pandemia rebrote y se produzca una recaída que agudice el parón de la economía. Difícil elección que, de momento, está trasladando a los mercados sensaciones ambivalentes y rápidamente cambiantes, con una brusquedad que no le hace nada bien a la economía.

La incertidumbre del momento se refleja en los indicadores bursátiles mejor que en ninguna otra parte. Las Bolsas llevan varios días de caída y este jueves el descenso, poco más del 5%, ha alcanzado la mayor cuantía desde primeros de marzo, cuando se declaró el estado de alarma en España. La etapa alcista que se desarrolló en las semanas anteriores ha quedado clausurada de momento.

Los datos de la pandemia en Estados Unidos han causado una enorme conmoción, con 112.000 muertos acumulados y 2 millones de personas afectadas. Son datos terribles para la mayor economía del mundo, la que cuenta con mayores medios materiales para combatir la enfermedad y es lógico que hayan causado una sensación alarmante en medio mundo.

A estas cifras se une el empeoramiento de las previsiones económicas, consecuencia lógica, con una previsible caída del PIB estadounidense del 6,5% para este año y una subida del paro por encima del 9% de la población, en un país que acaba de salir de sus tasas de pleno empleo alcanzadas hace pocos meses. La previsión según la cual el nivel de empleo en Estados Unidos no volverá a las cotas de hace unos meses apunta al año 2023 como posible fecha para la corrección. Para otras economías occidentales, la fecha posiblemente se alargue un poco más. Lo que está quedando cada vez más claro es que la crisis será, cuando menos, algo más alargada de lo inicialmente previsto. En especial porque lograr la disciplina social necesaria para doblegar la pandemia se está revelando más complicado de lo que se creía.