Vasos comunicantes en la economía

El ritmo con el que se está aplicando la desescalada del estado de alarma va a tener un gran impacto en la velocidad y el ritmo de recuperación de la economía. Son vasos comunicantes muy precisos como reconocen muchos expertos y como empiezan a reflejar las cifras de consumo que estamos empezando a conocer en las últimas semanas.

Algunas evaluaciones realizadas en los últimos días indican que la caída del consumo privado ha alcanzado ya unos niveles que pueden consolidar descensos en el año de hasta el 50%, es decir, algo más de lo que esta variable descendió en los años más duros de la reciente crisis económica, entre los años 2009 y 2013. Si el descenso alcanzó en este periodo un 30%,  ahora nos enfrentamos a una caída de hasta el 50%, que afectaría a todo el consumo minorista, a excepción de los gastos en alimentación, en los que se ha producido el efecto justamente inverso, en buena medida a base de una cierta tendencia al acaparamiento, que ha dejado exhaustas muchas economías familiares, sin  recursos suficientes para atender a otras vertientes del consumo privado, como el textil, los electrodomésticos, el gasto en automóvil o las reparaciones en las viviendas de las familias.

De ahí la importancia de modular y graduar con la mayor precisión posible el desmontaje de los mecanismos de control de la pandemia para no erosionar más allá de lo razonable el impacto en la economía real, que tiene un enorme alcance social, incluso  sobre la salud y la estabilidad de la población. En los últimos días, el Gobierno está desarrollando una delicada gestión de desmontaje de los mecanismos de control para controlar el avance de la pandemia. Hay  cifras para todos los tipos de análisis, pero la resultante más delicada, el número de personas fallecidas, se ha situado por primera vez desde el  inicio de la pandemia en su fase más letal por debajo de los 100 muertos al día. Son los datos menos negativos desde hace dos meses, lo que significa que el confinamiento de la población ha tenido un claro efecto limitador de los contagios y de los efectos letales del virus.

La reacción de la población española ante la envergadura de las medidas adoptadas ha sido bastante firme, posibilitando el éxito de la reducción de las cifras más negativas de la pandemia. Pero se trata de una reacción que ha tenido efectos muy dañinos sobre la actividad económica y comercial, lo que se ha traducido en un importante retroceso del PIB trimestral y  un aumento muy considerable del paro.

La reversión de estos malos resultados económicos debería ser urgente y ello dependerá de la urgencia y eficacia con la que las autoridades económicas vayan desmontando las medidas de  control, es decir, acelerando la desescalada del estado de alarma.  Hay un elemento de confianza entre la población  en general que depende en gran medida de la percepción que la gente vaya teniendo de las medidas de desmontaje del estado de alarma. Esa batalla psicológica es la que  el Gobierno deberá ganar a partir de ahora, lo que posiblemente choca con algunas de las reservas que se han sugerido en los últimos días, como  la prolongación del estado de alarma durante un mes más. Sería posiblemente un golpe muy dañino  para la confianza  de ciudadanos y empresas y con efectos muy nocivos para la economía.