Consenso para salir de la crisis económica

Hay un amplio concurso de ideas para mencionar y proponer las medidas económicas que debería adoptar el país en los próximos e inmediatos meses para salir de la crisis económica lo antes posible y con la mayor brevedad. Las ideas que se están viendo presentan elevados contrastes  entre sí, dosis elevadas de idealismo y escasa preocupación por simular el impacto que podrían producir en un escenario económico  más o menos previsible, es decir, un moderado realismo a la hora de proponer soluciones que no solo  aguanten el papel y sus teorías, a veces peregrinas, sino la realidad de su puesta en práctica.

La primera evaluación que habría que realizar es la de la utilidad de  poner en  marcha un programa que  tiene muy poca dosis de confluencia entre las diversas opciones políticas. Con la actual  mayoría gobernante, frágil y muy poco  coherente entre sus diversos y a veces cambiantes integrantes, es bastante  improbable que España cuente con una dirección sensata y eficaz para llevar la hoja de ruta de la economía hacia derroteros que cumplan esos requisitos que resultan  más que necesarios, es decir, una salida rápida y fuerte de la recesión.

No hay más que  leer las diversas y cambiantes propuestas de los diversos portavoces políticos para comprender  que por este procedimiento de dispersión de ideas e incluso de voluntades no vamos a ir a ninguna parte.

Es más, el espectáculo  suscita mayor preocupación si tenemos en cuenta que una parte más que sustancial, incluso decisiva, de la resolución del problema pasa por la confianza imprescindible de los agentes económicos, no solo los españoles sino los extranjeros  y de modo especial los comunitarios, es decir, la Unión Europea. España necesita en estos momentos más que en ninguna otra etapa anterior de la historia económica del país el  socorro y el apoyo y confianza de los capitales extranjeros, no solo para permitir una financiación asequible en precio para nuestras ingentes necesidades  de recursos financieros.

El hecho de que se esté hablando ya de un nivel de endeudamiento  público del entorno del 120% del PIB nos sitúa en una posición de extremada debilidad. En este sentido, escuchar  llamamientos al aumento de la deuda y de los subsidios a amplios colectivos de ciudadanos, no es desde luego la mejor  medicina para estimular la confianza de los inversores internacionales  ya que se está empezando de nuevo a hablar de la necesidad imperiosa de un nuevo recorte económico como el que hace unos  pocos años hubo de arbitrar la Unión Europea para sacarnos del profundo hoyo en el que estábamos metidos.

La posibilidad de que esta situación vuelva a reproducirse no es del todo  impensable, ahora con un nivel de gravedad bastante superior ya que la crisis está provocando un socavón con mayor profundidad.  Además, la solidez del sector financiero, que en la pasada crisis estuvo fuertemente condicionada por la quiebra de buena parte del sector de las cajas de ahorros, en el que había un claro problema de calidad de gestión, ahora podría reflejarse también en las entidades bancarias, que en la anterior crisis sobrellevaron  razonablemente  bien sus problemas pero en la actual afrontan en solitario un fuerte deterioro de la  calidad de su cartera crediticia, como acaba de poner de relieve el propio Banco de España con unas estimaciones de quebranto financiero que habrán puesto los pelos de punta a más de uno.