El retraso en la renta básica

El debate dentro del Gobierno sobre la renta básica o RBU, como la están denominando algunos analistas (“renta básica universal”)  está generando las lógicas tensiones por motivos diversos, primero los políticos, para ofrecer una imagen de protagonismo, luego los ideológicos, también los económicos, entre otras cosas porque hay mucha confusión en las cifras, sobre el colectivo al que podría afectar (se habla de un millón de hogares) o sobre el número de personas que podría  entrar en este reparto solidario de renta (se cifra en algo más de 3 millones el número de personas que podría llegar a percibir esta renta), cuya cuantía tampoco está muy clara, ya que si se acerca al importe de la prestación por desempleo podría producir una cierta confusión de beneficiarios y de objetivos.

En todo caso, es lamentable que un asunto de esta importancia, que requeriría indudablemente una urgencia en su puesta en marcha dado el avance de la  pandemia y su impacto devastador en la economía, no se esté trasladando a la opinión pública mediante un debate público. Más bien al contrario, ninguna iniciativa de información pública se ha desarrollado hasta el momento y el debate sobre las características de  esta renta sigue limitado a un escaso número de personas, cuyos argumentos permanecen ocultos a la ciudadanía.

Delimitar el colectivo de personas que podría acogerse a esta renta es  posiblemente una de las mayores dificultades, aunque la mayor de todas, indudablemente, es la de la cuantía  de recursos que va a demandar. El perímetro de los hipotéticos beneficiarios podría llegar a parecerse a aquel famoso “carnet de pobre” que  algún genio de la demoscopia sugirió en tiempos de Franco, cuando se discutía cuáles eran los requisitos para acceder a la propiedad de una vivienda pública. Alguien dijo lo del carnet de marras para facilitar así la tarea a los bancos, que eran los que debían facilitar el crédito correspondiente.  Con el carnet en la boca, el banco no tendría más remedio que otorgar el dinero con el que poder disponer de vivienda propia, a pagar cuanto buenamente se pudiera.

Como no existe este carnet, establecer los criterios para  identificar a los potenciales beneficiarios de esta renta se hace muy difícil. Debe ser tan susceptible de polémica el establecimiento de los criterios de selección que quizás por ello  la implementación de la susodicha renta básica está siendo objeto de agrias polémicas entre los socios del actual Gobierno, con variopintas procedencias ideológicas y en algunos casos un modesto bagaje cultural y desde luego económico.

No es de extrañar el pavor que en algunos expertos del Gobierno  esté ocasionando el cálculo de algunos supuestos de esta famosa renta básica, una de cuyas principales deficiencias es el hecho de que ha de partir de cero en lo que atañe a la determinación del colectivo afectado,  justamente ahora, cuando las prisas son tan apremiantes porque el problema se está agravando por semanas e incluso por días, como se puede observar en los atascos que vive la Administración a la hora de despachar asuntos más trillados, como la gestión de los ERTE´s o la aplicación del pago de los subsidios de desempleo que han empezado a acudir a las ventanillas públicas de forma masiva.