La liquidez, que no falte

Hay un amplio debate abierto en Europa sobre la medicina necesaria  para neutralizar la crisis económica en la que acabamos de entrar. El debate sobre el papel de los Gobiernos se encuentra atascado y los famosos coronabonos, esa masa de deuda colectiva que sería responsabilidad colectiva, no acaba de convencer a la mayoría cualificada de los Gobiernos.

Naturalmente, la Europa del norte sigue mostrando sus reticencias porque cree que detrás de esta idea aparentemente bondadosa, solidaria y unitaria, que reforzaría la unidad europea,  no hay más que una masiva transferencia de renta desde los países ricos, los que ahorran, hacia los países mediterráneos, que solo viven del crédito y en algunos casos del despilfarro.

Como los políticos, básicamente el Eurogrupo, y los  presidentes de los Gobiernos, en las cumbres que se celebran de vez en cuando, aunque cada vez con menos convicción, no se ponen de acuerdo, ha sido el Banco Central Europeo (BCE), capitaneado por la francesa  Christine Lagarde, el que ha salido a poner su aportación en busca de una solución, aunque sea transitoria.

El BCE  ha decidido dejar de lado las reservas que había estado formulando en las últimas semanas sobre la necesidad de que los bancos reforzaran sus mecanismos de seguridad para  que no haya una segunda crisis en el sector financiero que haga más difícil aún la superación de la crisis económica. El BCE ha recomendado a los bancos una serie de medidas cautelares, como por ejemplo  una disciplina muy estricta y restrictiva en materia de dividendos, con la supresión de los mismos como medida más aconsejable. Naturalmente ha pedido y recomendado la austeridad máxima en materia de salarios  y remuneraciones de los altos directivos, como algunos se han apresurado a anunciar estos días, suprimiendo los polémicos bonus y otras remuneraciones extraordinarias, que en estos momentos provocan cierto sonrojo social..

A renglón seguido de estas recomendaciones, este martes el BCE se ha lanzado a establecer una nueva estrategia de financiación bancaria, en la que estimula con todas las argumentaciones necesarias la aceleración del crédito para que las entidades financieras contribuyan a facilitar el despegue de la economía y facilitar la fluidez del crédito. En suma, impulsar la liquidez del sistema para que, incluso dejando de lado las  estrategias cautelares en relación con el análisis de la solvencia de los clientes, los protagonistas de la economía (básicamente las empresas y los particulares) no tengan dificultades para acceder a la financiación que precisen.

Ha sido el mensaje más audaz de cuantos han anunciado en los últimos meses los bancos centrales del mundo desarrollado, lo que constituye un giro importante en la gestión de la política financiera. El máximo guardián de la ortodoxia financiera no se ha frenado a la hora de  asegurar a los bancos que dispondrán de todo el flujo financiero que necesiten incluso si para ello deben descuidar en alguna medida la vigilancia de la solvencia de sus clientes. Es probablemente el giro histórico más relevante que haya adoptado un banco central en su propósito de contribuir a la mejora y recuperación  de la economía. La gravedad de la situación lo requiere.