Una economía más intervenida no es necesaria

La tentación de los políticos, o más exactamente de algunos políticos, de  incrementar la intervención del sector público en la economía española es grande. Y en circunstancias complejas y hasta críticas, como las actuales, esta tentación es más fuerte que nunca. De hecho, la  economía española vive actualmente sometida a importantes decisiones adoptadas en las últimas semanas por los poderes públicos para superar una pandemia que no responde a un fallo en los mecanismos económicos sino a circunstancias estrictamente sanitarias.

No está claro que todas estas decisiones  económicas adoptadas por el Gobierno para atajar el problema sanitario hayan sido acertadas  pero habría que someter a un análisis crítico, lo menos impregnado posible de orientaciones ideológicas,  para someter a diagnóstico tantas cosas como se han hecho y como se van a poner en práctica durante los próximos meses. Desde luego, hay una premisa que tendría que  dominar: las cosas que funcionaban bien antes de la crisis de la pandemia no deberían, en principio, ser objeto de reversión. Esta crisis no tendría que ser un argumento para dotar al Estado y a los poderes públicos de mayores márgenes de decisión, es decir, para acaparar áreas de poder

Al fin y al cabo, tras la dura  crisis del pasado decenio (entre los años 2008 y 2013 y con el posterior  resurgir hasta 2019), España atravesó una fase bastante crítica cayendo hasta niveles sumamente deprimidos, pero la salida ha sido mucho intensa que en el resto de los países europeos, por mencionar la comparación con aquellos países que nos  resultan más próximos y que viven bajo circunstancias similares.

Por lo tanto, no sería malo que  una vez superada la pandemia en su fase más crítica, dentro de unos meses, quizás dentro de un año, la normalización de la economía española nos permita retornar al estado de cosas en el que nos movíamos hace seis meses, por citar un momento en el que España crecía por encima de la media de la UE y de las cuatro principales economías de la zona, una etapa que se estaba prolongando en los cuatro años anteriores.

Las grandes asignaturas que tiene que despejar  España una vez recuperada la normalidad sanitaria y  el funcionamiento de la economía difícilmente podrían ser afrontadas mediante un aumento del  papel del sector público en el funcionamiento económico, ya que las empresas españolas de primera fila han sabido colocarse en una posición competitiva a nivel internacional que no  han cosechado sus avances gracias al empuje del sector público entre otras cosas porque no se trata de empresas nacionalizadas.

La élite empresarial española,  en buena medida integrada en el índice bursátil Ibex 35, aunque hay otras muchas empresas de tamaño medio y pequeño que  se sitúan en posiciones de vanguardia, muchas de ellas en el ámbito internacional, se desenvuelve bien con unas reglas propias de una economía de  mercado como es la española, en la que posiblemente el sector público tendría más espacios que abandonar que ocupar. Cuanto antes esas reglas de juego propias del mundo occidental al que pertenecemos  se restauren, mejor para todos, desde los empresarios hasta los trabajadores pasando por los inversores nacionales y extranjeros.