La UE ante la crisis española e italiana

Las posibilidades de que la economía española remonte la crisis en la que acabamos de entrar mejorarán ampliamente si la Unión Europea afronta con éxito el gran desafío al que tendrá que hacer frente en los próximos dos o tres años a causa de la pandemia. Esta crisis está poniendo a prueba, en efecto, los mecanismos de funcionamiento cohesionado y solidario de la Unión Europa, que vive en estos momentos su mayor prueba histórica desde su nacimiento en el año 1958, con el Tratado de Roma.

Desde la creación del euro, primero como moneda virtual en enero del año 1999 y luego, a principios del año 2002,  como moneda única de circulación plena, la UE está buscando mecanismos de cooperación y unión económica que no siempre se han ajustado a los deseos, en especial los señalados por el Tratado de Maastricht que entró en vigor a finales del año 1993.  Los grandes principios que se enumeraron en aquel Tratado todavía están pendientes de ser aplicados en su integridad. De hecho, la crisis griega de hace unos años demostró que las grandes ideas de unión y cooperación entre los Estados miembros están lejos de cumplirse.

No es de extrañar que en estos momentos en los que las costuras de la UE vuelven a estar bajo la presión de una crisis económica de envergadura, desde luego mucho más amplia y profunda que la de Grecia,  las contradicciones internas dentro de la Unión se estén poniendo a prueba.

Los esfuerzos de  los Gobiernos italiano y español por  poner en marcha y exigir a los organismos comunitarios unos mecanismos de solidaridad interna, entre otras cosas mediante el lanzamiento de los denominados coronabonos, es decir, una financiación  de ámbito global que sea asumida por el conjunto de la UE para apoyar a los países más castigados por la crisis económica que va a venir a renglón seguido del momento en el que el freno a la pandemia lo permita, incluso antes,  están encontrando por el momento seria resistencia.

Quizás decir que la UE se juega en esta crisis su propia existencia sea un tanto exagerado, pero lo que sí está claro es que  los problemas de estos dos países van a ser mucho mayores en el plano económico que los de otros miembros comunitarios. Del superior impacto de la crisis sanitaria y la dureza de las medidas económicas que se han empezado a aplicar hace unas pocas semanas y que van a pasar una severa factura a nuestro crecimiento económico (el español y el italiano) cabe esperar una importante fractura de la economía europea a corto plazo, que someterá a prueba la eficacia de la propia UE.

La dualidad europea, es decir, países del norte próspero y países mediterráneos con mayores dificultades y menor grado de desarrollo, está de nuevo sobre la mesa. Vuelve a surgir la dualidad entre la Europa próspera y disciplinada frente a la Europa  de los estigmas tan manoseados, con sociedades más relajadas hasta el extremo de incumplir buena parte de los preceptos que los Tratados europeos, con Maastricht a la cabeza.  Y es esta dualidad la que habría que superar en estos momentos aunque la Europa más próspera va a tener que superar sus propios límites políticos internos.

Los movimientos populistas  de corte conservador e incluso cercanos al pensamiento totalitario, pueden encontrar  buenos argumentos en este debate interno de la UE para incrementar su clientela en la medida en que los países más desarrollados de la UE  están llamados a desempeñar un activo papel de apoyo financiero a los países más afectados por la crisis. El desafío político que se le abre a la UE no será menor si quiere preservar su unidad y su eficacia como bloque económico.