Suavizar el frenazo económico

Sobrevivir y mantener a toda costa la actividad es ahora mismo el lema básico de  las economías y de las empresas, a la espera de que el tiempo mejore, es decir, que la pandemia del coronavirus entre en  fase menguante con unas cifras que anuncien el final de la pesadilla. Se supone que esta crisis es de duración relativamente corta, entre tres y seis meses dicen los analistas más atrevidos.  Lo importante es que la economía no se pare, según claman algunos líderes empresariales.

Lo que se busca ahora desesperadamente es la forma de  pasar estos tres o seis meses de la mejor forma posible, minimizando el frenazo económico, financiándolo de forma eficiente más que ortodoxa (las normas de rigor presupuestario han saltado por los aires y habrá que ver lo que todavía se va a implementar mediante el uso intensivo  del dinero público) y manteniendo lo más caliente posible el bolsillo de empresas y ciudadanos para que la actividad decaiga lo menos posible. Tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos, el papel de los bancos centrales insuflando dinero a las economías y facilitando los flujos de financiación está siendo muy activo y resultará crucial, con la particularidad de que el Banco Central Europeo (BCE) cuenta con menos margen de maniobra que la Fed americana para  desarrollar los mecanismos más agresivos de su terapia monetaria.

Ya sabemos que en algunos casos, cuando el gasto depende de extranjeros (caso del turismo y ocio de España), la caída de la actividad  va a ser inevitable, de ahí que las empresas hoteleras se han adelantado en sus anuncios de cierre de establecimientos (una parte de ellos  dedicados ahora a prestar cobijo a los enfermos del virus) y de ajustes temporales de empleo. Hasta la finalización del verano, este sector lo tiene muy crudo.

Las empresas españolas por lo general están tratando de minimizar los costes mediante una mezcla se medidas, desde las reducciones temporales de empleo (que  reducen en gran medida el sacrificio salarial de los trabajadores) hasta la reducción selectiva de salarios, reducción o supresión del dividendo (al menos los que tienen fecha de desembolso en estos meses más inmediatos), aplazamiento de inversiones y aprovechamiento de algunas de las ventajas fiscales que  el Gobierno tratará de aplicar con la mayor prudencia para evitar que el desequilibrio de las cuentas públicas contribuya a agravar la situación más que a suavizar los males.

Uno de los datos  que más inquietan a los analistas económicos ahora mismo es la incertidumbre que envuelve el futuro inmediato de la economía de Estados Unidos. Han comenzado a circular algunas previsiones que resultan escalofriantes, ya que algunos bancos de inversión estiman  retrocesos del PIB de entre el 12% y el 20% en tasa anual durante este segundo trimestre del año. El motor económico mundial puede atravesar una etapa oscura. De momento, el estado real de su economía es un misterio y el impacto de la pandemia parece bastante desigual.