La guerra comercial y económica de China y EE.UU.

Uno de los efectos  colaterales de la extensión de la pandemia que ha alcanzado ya un  ámbito global es la intensificación del conflicto entre Estados Unidos y China.  Está todavía caliente la tinta con la que ambos países sellaron, a bombo y platillo, la primera fase de su acuerdo comercial a mediados del mes de enero pasado.  Aquel acuerdo nació con grandes limitaciones que han sido orilladas hasta la nueva ronda de negociaciones entre ambas partes, pero fue saludado a pesar de todo como un importante avance que tenía más el aspecto de un acta de precampaña electoral, de cara a mejorar posiciones en el inminente  combate que Trump deberá lidiar con su oponente, previsiblemente el demócrata Biden.

Acaba de aparecer un escollo inesperado, la guerra del virus, a raíz de la cual la antipatía entre ambos Gobiernos no ha dejado de crecer, con la expulsión de corresponsales americanos  por parte China y los reproches continuos que las autoridades de este país están lanzando contra los dirigentes estadounidenses, en especial contra el propio Trump, debido a la calificación de “virus chino” con la que en Estados Unidos se refieren de continuo a la actual pandemia, que ya está causando un apreciable número de contagios y víctimas mortales en Estados Unidos.

Este hecho amenaza con incrementar las malas relaciones entre ambas partes y hacer mayor el abismo que separa a ambos países  en cuestiones comerciales y económicas. Lo que está en juego es un volumen de intercambios no inferior a los 100.000 millones de dólares anuales.  El empeoramiento de las relaciones diplomáticas que está desarrollándose en estas últimas dos semanas puede convertir en papel mojado los acuerdos suscritos solemnemente hace unas semanas en la capital americana y, sobre todo, puede afectar al desarrollo futuro de las relaciones entre ambos países, ya que son muchos los  conflictos de signo sectorial que erosionan las relaciones entre ambas partes. Uno de ellos es el desarrollo de las nuevas tecnologías, en donde Estados Unidos ha adoptado una posición especialmente beligerante que pone en riesgo la implantación de los nuevos protocolos de comunicación del 5G.

Para Europa, la mala relación entre los dos mayores  protagonistas de la economía y del comercio mundiales  puede suponer réditos interesantes, ya que los suministros industriales que China entrega a la industria americana podrían  pasar a manos europeas, rompiendo de este modo uno de los riesgos que se venían desarrollando en los últimos años. Un frenazo en las relaciones comerciales entre chinos y americanos podría, a la postre, tener un efecto sedante sobre las oportunidades de la economía europea, dentro de este juego a tres bancos que en estos momentos se está jugando  en el tablero económico mundial.

La propia  solución al problema de la curación del coronavirus está también  provocando enfrentamientos entre los países más desarrollados en lo que atañe al impulso que está desarrollándose en la búsqueda urgente de una vacuna y unos  procedimientos de curación eficaces para la rápida erradicación del mal. Ganar tiempo en esta carrera es imprescindible para evitar que la inminente recesión económica a la que nos enfrentamos  se prolongue más tiempo del previsible ahora mismo.

Está claro que  la obtención de esta  vacuna es objetivo prioritario de  algunos de los grandes países desarrollados, pero lo que también está claro es que la colaboración entre los científicos y las empresas y organizaciones de estos países no está a la altura de las circunstancias, lo que podría alargar en exceso los plazos  para la obtención de la esperada y necesaria vacuna.