El petróleo se suma a la crisis

Las dificultades económicas que ha generado el coronavirus se han extendido con rapidez a otro foco de rápida propagación de la crisis, el mercado petrolero, en donde los precios han caído con inusitada rapidez y con notable intensidad y ello plantea serios problemas a algunos países y, a la postre, al conjunto de la economía mundial. Las dos papeletas juntas pueden conducir a lo que muchos se resistían a reconocer hasta hace unos pocos días, la posibilidad de entrar en una recesión seria.

Hasta ahora, las estimaciones del deterioro económico apuntaban hacia unas décimas de caída en el PIB. En el caso de España, las últimas previsiones apuntaban a una caída en el aumento del PIB este año del orden del 1,3%, cuando hace pocos meses la previsión más en boga apuntaba al 1,7%. El Gobierno todavía no se ha pronunciado y no es probable que lo haga en las próximas semanas, hasta tener una evaluación más precisa de la situación.

El impacto en el mercado petrolero ha conducido, de momento, a unos precios que no se conocían desde hace unos cuantos años. Este lunes, el petróleo rondaba los 35 dólares por barril, aunque el descenso se pronostica mayor, posiblemente hasta cotas más cercanas a los 20 dólares, según algunos analistas del sector. La voz de alerta ha llegado de la mano de las primeras medidas adoptadas por Arabia Saudí, que está ofreciendo desde este lunes condiciones de precio mucho más favorables a los grandes consumidores, asumiendo caídas apreciables en los precios finales.

Arabia ha entrado en colisión abierta con Rusia, ya que después de tres años de colaboración entre los países de la OPEP (es decir, básicamente Oriente Medio), las negociaciones urgentes entabladas estos últimos días para defender el precio del crudo mediante recortes pactados de la producción no han llegado a buen puerto. Arabia se ha lanzado a la carrera por su cuenta para defender por encima de todo su cuota de mercado en el mundo. Esta carrera es la que puede acentuar el abaratamiento del petróleo en los próximos meses ya que Arabia incrementará su producción con casi toda seguridad.

El impacto de la crisis del virus está empezando a traducirse en rebajas de las previsiones de demanda de crudo de petróleo en los próximos meses, por lo que la decisión adoptada por Arabia parece bastante sensata, sobre todo para la defensa de sus intereses. En los países principales de la OPEP, el precio de referencia del petróleo, sobre la base de presupuestos públicos equilibrados, ronda los 80 dólares. Alcanzarlos es ahora imposible a corto plazo, lo que obliga a forzar la máquina productiva para compensar la merma de ingresos derivadas de los recortes de precios Rusia, en cambio, podrá soportar mejor la presión ya que con un umbral de precios estimado en los 42 dólares por barril, las cuentas le salen razonablemente bien. El juego entre estas dos potencias será, por lo tanto, el que marcará el futuro del mercado petrolero mundial en estos próximos meses. De todas formas, para países predominantemente consumidores, como España y algunas de las principales economías europeas, el descenso de los precios del crdo, en sí mismo, es un dato favorable.

Peor se le presenta la situación a Estados Unidos, que en los últimos años había empezado a desarrollar una potente industria petrolera basada en el fracking, es decir, el petróleo obtenido mediante las nuevas tecnologías de recuperación secundaria, cuyo principal requisito es que el precio en los mercados mundiales se encuentre en la zona alta, es decir, por encima de los 60 e incluso 70 dólares por barril. La nueva situación del mercado deja en principio fuera de rentabilidad a muchas de estas explotaciones, lo que puede acarrear una seria crisis a un sector de la industria petrolera americana que ha llegado a alcanzar cuotas importantes.