La Fed toma la delantera mientras el BCE recapacita

La Reserva Federal ha tomado cartas, no sin sorpresa, en la batalla contra los efectos que está empezando a tener el coronavirus y su creciente expansión, a pesar de que la epidemia afecta menos a Estados Unidos que a China o a Europa y otros países como Corea del Sur. La decisión de la Fed americana ha sido nada menos que de medio punto. Sucede a las tres bajadas de un cuarto de punto que se habían adoptado año largo del año pasado, tras un inicio de ejercicio en el que todavía subió un cuarto de punto, dando por cerrada a principios del año 2019 la etapa anterior de subidas anti inflación.

Este recorte fuera de calendario ha sorprendido porque no se esperaba ni una reacción tan inmediata ni de una intensidad tan acusada, ya que la bajada es de medio punto, el doble que las tres rebajas anteriores. Y la urgencia no parecía formar parte del escenario adecuado, ya que la extensión de la epidemia en Estados Unidos y los efectos en la economía estadounidense parecen muy alejados de lo que empieza a percibirse en Europa y no digamos en China y en Corea del Sur. En suma, la Fed americana parece más bien tomar la delantera a posibles efectos a medio y largo plazo sobre la actividad económica del país y, de paso, echar un cable al conjunto de la economía mundial.

Los efectos en España se podían medir este martes de forma dispar en la Bolsa. Los bancos ofrecieron su doble cara, por un lado la reacción medianamente favorable de los tribunales europeos en torno a la cuestión hipotecaria, es decir, la aplicación del IRPH, que deja en manos de los tribunales españoles la aplicación de las sentencias correspondientes, de forma que el impacto negativo en los bancos podría ser menor e incluso bastante menor del que se había temido en algunos momentos.

La razón para el pesimismo en lo que atañe a los bancos ha venido de la mano de las posibles medidas monetarias del BCE que puedan hundir más aún los tipos de interés, con tipos más negativos aún, dificultando con ello la capacidad de la banca de mejorar sus márgenes, ya muy estrechos, del negocio crediticio. Ambos impactos, el de la aplicación de la ley hipotecaria y el de los tipos de interés negativos, ofrecen un horizonte global poco saludable para el sector financiero, ya que la extensión del virus está creando condiciones económicas que nos alejan cada vez más de una recuperación económica.

Más bien al contrario, la economía puede atravesar una etapa de pérdida de ritmo que en algunos medios se estima ya que podría traducirse en una caída del crecimiento del PIB hasta la mitad del que era habitual en estos dos últimos años. En el caso específico de la Unión Europea, bajo el arrastre de Italia, en posible recesión, y de Alemania, que está rozando el estancamiento, ya hay algunos medios que sugieren la posibilidad de un frenazo más acusado de lo que se temía, lo que obligará al BCE a tonmar medidas de apoyo económico. Esas medidas van a llegar, aunque el BCE esté demorando su anuncio ante la inseguridad que inspira el desarrollo de la crisis del coronavirus. El BCE será, en todo caso, el siguiente en mover ficha. Lo de la Fed americana ha sido un anticipo.