Los límites a los precios de los alquileres

La limitación del precio de los alquileres se ha convertido en una de las polémicas políticas y sociales más acaloradas de los últimos años, aunque  la propia evolución del mercado (ese mecanismo que debería regular de forma automática y ajustada la cuantía de los arrendamientos) se ha dado una cierta tregua en los últimos meses. La presión de la oferta y de la demanda  vive bastante pegada a la actualidad de la economía, de forma que resulta bastante sensible el nivel de precios de la vivienda al ritmo de actividad económica y a la trayectoria del consumo privado además de los avatares del empleo.

Una de las circunstancias que ha estado presionando los precios de la vivienda en España, en especial en algunas zonas como Madrid, durante estos últimos años, y de forma  más acusada en el pasado año, ha sido la presión migratoria procedente de países de Latinoamérica, en especial de Venezuela y de Colombia, además de Argentina y Centroamérica.

Los niveles de renta de estos  inmigrantes resultan bastante dispares, lo que ha influido en algunos casos en crecimientos importantes de los precios  ya que algunos segmentos de la población llegada del otro lado del Atlántico, caso de Venezuela, cuentan con altos niveles de renta que se han traducido en una notable presión sobre los precios en algunas ciudades españolas. El mercado del alquiler y de la compra venta de viviendas en España es bastante  variopinto, razón por la que un intento de regulación de los precios tendente a poner coto por la por la parte más elevada resulta de escasa utilidad. Llama la atención observar cómo la justificación política que en muchas ocasiones se esgrime para ponerle límites a los altos precios, o a los precios “desorbitados”, como en ocasiones se les denomina, conduciría a  situaciones de escasa utilidad para los fines que se persiguen.

La regulación de los precios de la vivienda para evitar excesos, con la pretensión de proteger las posibilidades de los sectores más débiles de la sociedad, es una medida bien intencionada. Pero ahí acaban posiblemente sus virtudes. En las últimas semanas se han publicado numerosos análisis en los que se toma como punto de referencia la experiencia en la materia  de algunas ciudades europeas, que no han sido pocas, en las que los resultados obtenidos han sido más que decepcionantes. Se han observado algunas consecuencias indeseables, como que los precios de los alquileres se han disparado en zonas geográficamente  limítrofes a aquellas en las que los responsables municipales ha abordado la tarea de ponerle unos límites a los precios de los alquileres por la parte más alta. Es decir, limitando las subidas de los alquileres.

Lo menos que se debería pedir a quienes a estas alturas están impulsando la aprobación de leyes y medidas tendentes a poner un límite a las subidas de  precios de los alquileres de viviendas es que se tomen la molestia de analizar las experiencias y los estudios que se han realizado en los países en los cuales se ha  puesto en marcha medidas de este tipo. Es una sugerencia que lanzó hace unas semanas la vicepresidenta del Gobierno, Nadia Calviño, cuando invitó precisamente a que se actuara en esta dirección. Bueno es aprender de las desgracias y de los errores ajenos.

A veces  les cuesta mucho a los políticos que lanzan ideas de apariencia atractiva y que parecen responder a sentimientos socialmente muy arraigados reconocer sus errores y enmendar proposiciones  de apariencia popular pero de escasa utilidad. Lo de limitar las subidas de los precios de los alquileres parece una de estas situaciones.