La generosidad del techo del gasto

El primer paso para el Presupuesto del Estado del año en curso acaba de recibir, como se esperaba, el aprobado raspado. El techo de gasto para el ejercicio en curso supera los 127.600 millones de euros, un 3,8% más que un año antes. El techo del gasto es una cifra que tiene algo más que carácter indicativo ya que es la línea roja por encima de la cual el sector público no puede gastar ni un euro. Estamos lejos de las cifras alocadas de hace un decenio, cuando llegaron a superarse los 182.000 millones de euros de desembolso en el año más duro en materia de incumplimiento presupuestario, el de 2010.

Aquella locura financiera, acorde con los tiempos que vivía la economía en expansión (corría el año 2010 y la crisis económica había dado ya sus primeras alertas), dio paso a unos años de estrecheces que empezaron a levantar cabeza hace cuatro o cinco años, en el entorno de los 120.000 millones de euros. Desde hace tres años, el techo de gasto vuelve a estar en fase creciente aunque con menores pretensiones.

Lo cierto es que la capacidad de gastar depende como es lógico (o debería serlo) de la capacidad de ingresar y del estirón que se le pueda dar a las cifras de déficit público, en donde España tiene el compromiso de volver al equilibrio en el menor plazo posible. Se había formalizado un compromiso ante Bruselas de recuperar el equilibrio fiscal allá para el año 2021, es decir, a la vuelta de la esquina. Pero ese compromiso se lo ha llevado la realidad porque no parece realista y porque en el mejor de los casos, con un poco de optimismo, se debería hablar con mayor propiedad del año 2023, es decir, a la vuelta de cuatro años.

El déficit que se vislumbra en los estamentos oficiales rondará para este año el 1,8% del PIB. Y podría bajar hasta el 1,1% el PIB el año 2021, en hipótesis más bien optimistas. Pero teniendo en cuenta que el techo de gasto no ha sido objeto de un recorte acorde con los objetivos de reducción del déficit anual, no parece realista pensar que estos objetivos de déficit público se vayan a cumplir. Máxime cuando se contemplan los planes de gasto público que está diseñando el Gobierno de coalición, con incrementos importantes en algunas partidas de gasto y con unas previsiones de nuevos impuestos que han sido diseñados con bastante voluntarismo, como es el caso de la tasa Google o la polémica Tasa Tobin a las transacciones financieras.

La conclusión que cabe deducirse de los planes presupuestarios del Gobierno para 2020, cuyo debate se iniciará en las próximas semanas una vez solventada la aprobación del techo de gasto, lleva a pensar que las cuentas públicas tienen un amplio margen de imprecisión, lo que debería haber provocado una fijación más exigente es decir, más baja, a la hora de establecer el techo del gasto para este año.

Más aun teniendo en cuenta que la amenazante expansión del brote vírico, cuyo impacto en la economía europea y española empieza a arrojar algunas previsiones preocupante. El aumento del gasto que puede derivarse de la extensión del virus es completamente imprevisible, como ya está reconociendo la Comisión Europea para el caso concreto de Italia, país que gozará de un cierto margen de flexibilidad en sus cuentas públicas, como acaba de reconocerle Bruselas.