La difícil mejora de la recaudación fiscal

A medida que se van conociendo los datos de recaudación fiscal del pasado ejercicio, todavía con un claro sesgo de provisionalidad pero bastante aproximados, se va extendiendo la idea de que los Presupuestos del año 2020 están siendo pergeñados con altas dosis de fantasía y optimismo. Las previsiones de ingresos para el año en curso tienen que considerar la capacidad recaudatoria prevista para los nuevos tributos (caso del impuesto sobre las actividades de Google o de la Tasa Tobin), cuestión en la que el Gobierno ha avanzado cifras de posible recaudación que diversos analistas e instituciones que han analizado el asunto consideran muy alejadas de la previsible realidad.

Mientras desde el Gobierno se estiman niveles de recaudación para estos dos nuevos tributos del orden de los 2.000 millones de euros o algo más, las estimaciones independientes de expertos o instituciones como la Comisión Europea muestran un notable escepticismo. Se llegan a fijar las estimaciones de recaudación no más allá de los 50’0 millones de euros en el conjunto de ambos tributos. La distancia es, por lo tanto considerable.

Ahora acabamos de conocer la importante decepción que proporciona el Impuesto de Sociedades, es decir, la parte de los beneficios de las empresas que estas ingresan en la Hacienda Pública. Resulta que las primeras estimaciones oficiales apuntan hacia unos ingresos en el año 2019 que habrán rondado los 22.700 millones de euros, la cifra más baja de los últimos tres o cuatro años.

La cifra definitiva quizás no difiera mucho de este importe aunque ahora lo que importa es la recaudación previsible para el año 2020, que al final es la que importa de cara a establecer las previsiones de gasto posible para el año en curso. Será lógicamente muy difícil financiar las fantasías presupuestarias con las que el Gobierno quiere elaborar su cuenta de gastos públicos para este año, cargadas de ambiciosos planes de inversión y gasto corriente para afrontar algunos de los proyectos que dimanan del Gobierno de coalición. No obstante, y visto el calendario previsible de aprobación y puesta en marcha del Presupuesto, no resulta probable que el desbordamiento del gasto público llegue a ser una realidad.

La capacidad recaudatoria del Impuesto de Sociedades se encuentra en todo caso muy mercada, nada que ver con el máximo histórico alcanzado en el ejercicio de 2007, cuando este tributo aportó nada menos que 44.800 millones de euros a las arcas públicas. Con la mitad de aquella fastuosa cifra, la capacidad de gasto del Estado y de los entes autonómicos es lógicamente muy inferior.

En todo caso, la cifra que se baraja como probable para este año, que no superará fácilmente los 22.700 millones que se estiman para el pasado ejercicio, equivale a un 2,3% del PIB, una cifra que dista de forma significativa de la que presentan los países de la UE en conjunto, en torno al 2,8% del PIB, lo que significa que estamos unos 6.000 millones de euros por debajo de lo que es habitual en los países de nuestro entorno, lo que a la postre solo tiene dos consecuencias: o se atiza la maquinaria del déficit en un importe equivalente al mencionado desfase de gasto público o se afronta un plan de ahorro y austeridad para el cual no parece preparado el país. Ni el país ni posiblemente las empresas, que este año avizoran un escenario bastante menos optimista en lo que se refiere a la capacidad para generar beneficios, van a estar en condiciones de mejorar las cifras de aportación al Impuesto de Sociedades.