Impuestos, de momento, para la galería

El Gobierno ha iniciado la aplicación de su programa económico con algunas medidas que, apenas conocidas en su contenido real, han sembrado el escepticismo y la incredulidad entre los expertos. Los dos tributos de nueva creación que acaban de aprobarse, el que regulará los pagos de tributos de Google en el mercado español y la aplicación de la denominada Tasa Tobin, a las transacciones financieras dentro de unos amplios límites, son de muy escaso recorrido, poco que ver con las cifras que en su día se barajaban, más de 2.000 millones anuales. Habría que preguntarse qué lógica tiene aprobar impuestos en un país que carece desde hace tres años de un Presupuesto digno de tal nombre y en particular este año, en el que con un poco de suerte podría haber Presupuestos para el verano, es decir, para que estén realmente en vigor solo en los últimos meses del ejercicio.

En relación con las previsiones de ingresos de los dos tributos, a estas alturas se habla ya de poco más de la mitad de lo que se ha pregonado hace meses y en algunos medios, oficiales por más señas, incluida la Comisión Europea, apenas se superan los 500 millones de euros como suma de ambas tributaciones. Es decir, apenas una cuarta parte de lo deseado. Habrá que ver en qué acaban las cosas, aunque por lo que están recaudando algunos países que ya se han adentrado en este tipo de gravámenes, más bien habría que tomar las previsiones con cautela y estar a la espera de la parte baja de las estimaciones.

No es un buen asunto en todo caso, ya que multiplicar los impuestos para recaudar migajas tiene malas indicaciones, no solo para la imagen del país sino porque estas previsiones, cuando se toman en la parte alta, luego entran en la confección de los Presupuestos y se dan de entrada por buenas. Si a la hora de la verdad no se cumplen, llegan las rectificaciones a mitad de camino, que es todavía peor, y sobre todo descabalan las previsiones presupuestarias globales. Es decir, si hay un compromiso de déficit público, a la hora de la verdad este tipo de tributos de baja eficacia recaudatoria generan incumplimientos que tienen mala digestión, sobre todo, en el caso de España, con el consiguiente descuadre de los compromisos con la Unión Europea.

Por lo que estamos viendo falta aún bastante tiempo para que este Gobierno pueda presentar un Presupuesto cerrado para el año 2020, por lo que tendrá que ajustar sus previsiones de ingresos y de gastos. Lo malo es que si se ponen previsiones fuera de la lógica económica en materia de ingresos fiscales, las disposiciones de gasto público se elevan en la misma proporción, aunque luego las primeras no se cumplan. De ahí el aumento del déficit que suele sobrevenir en situaciones como la actual.

No tiene lógica que el Gobierno esté adoptando medidas que potencialmente pueden tener un gran impacto en los Presupuestos del año cuando todavía los Presupuestos están por hacer. Lo lógico sería proceder en sentido contrario, aprobando primero las nuevas leyes fiscales y los nuevos tributos más el techo de gasto cuando exista una idea más aproximada de las cifras reales. De este modo se evitarían los desajustes que en los últimos años se han producido en las cuentas públicas del país.