Contrastes en la crisis del virus chino 

Hay una contradicción aparente en el mundo económico desde hace unas semanas que está provocando no pocas especulaciones y algunas hipótesis de futuro. Se trata de la coincidencia en el tiempo entre una amenaza de crisis económica mundial a causa de la extensión del virus de China y la euforia que ofrecen las Bolsas en casi todas partes, en especial desde luego en Estados Unidos, en donde las cotizaciones están en zona de máximos históricos.

La economía estadounidense vive una de sus etapas más brillantes en la historia reciente, algo que se puede constatar recurriendo a un repaso de las cifras reales. Por ejemplo, una de las más llamativas, posiblemente la que más, es su bajo nivel de paro, que ha tocado últimamente el 3,5% de la población activa, el nivel más bajo desde finales del año 1969. Es decir, desde hace 50 años. Para las personas mayores de 24 años, la tasa de paro ha bajado por debajo del 3% de la población, con tasas muy similares entre hombres y mujeres. La gran discrepancia en el paro es entre las personas de colocar y los blancos, ya que hay un doble de parados negros que blancos.

La  fortaleza de la economía estadounidense  acaba de cumplir, con sus tasas de crecimiento en el PIB, nada menos que 127 meses  ininterrumpidos de aumento, desde mediados del año 2009. La fase anterior de crecimiento ininterrumpido  sumó 120 meses, entre marzo del año 1991 y enero del año 2001. Parece indudable que este largo periodo de prosperidad y crecimiento, que supera los diez años, refleja la fortaleza básica de una economía que ha sido gestionada por  dos presidentes consecutivos, aunque se podría hablar de tres etapa presidenciales cosechando el éxito. La influencia del virus chino no está afectando a la mayor economía del mundo, a pesar del enorme crecimiento que en los últimos años ha logrado China, hasta convertirse en la segunda economía mundial, con casi un 17% de paro en la economía global.

La coexistencia de una crisis con amenaza de contaminar a amplias zonas del Planeta y las ganancias, incluso la euforia, que muestran algunas Bolsas mundiales, en especial la estadounidense, puede denotar el alto grado de esperanza que existe en la mayor parte del mundo sobre la superación de esta epidemia, sin que ello  cause impacto apreciable en la actividad económica.

No parece probable que la crisis de China  pase de largo sin mayores consecuencias sobre el resto del mundo. De hecho, algunos organismos internacionales ya aventuran la hipótesis de un impacto negativo del orden del 1% en el PIB chino, lo que de alguna forma tendrá efectos en la economía global, más en unos países que en otros.  Desde luego, el hecho de que Estados Unidos sea poco vulnerable refleja la fortaleza de la mayor economía del mundo, lo que implica que existe una cierta coraza en la economía mundial frente a la desastrosa gestión de esta crisis por parte de las autoridades chinas. Pero no todas las regiones de la economía global presentan los mismos grados de inmunidad y no está claro que los mercados bursátiles estén reflejando estas diferencias de forma adecuada.

En Europa, que es el espacio en donde más nos interesa conocer las repercusiones, el impacto de la crisis china puede resultar cuatro meses menor que en economías más avanzadas, como Alemania, según estimaciones de algunos expertos. O la mitad que en el caso de Francia. Es un consuelo saberlo, sobre todo si de verdad se cumplen estas evaluaciones, siempre y claro que la duración de la crisis del virus chino sea razonable, es decir, no pase  más allá de la llegada de los primeros calores, al comienzo del verano.