Las fallidas previsiones económicas

Este año de 2020 se presenta posiblemente como el más incierto a la hora de formular previsiones económicas, ya que el problema surgido en China con el virus ha desbaratado todas las perspectivas. Hay un despiste total sobre la duración que pueda tener este fenómeno.

En teoría, la duración del mismo es pieza clave a la hora de formular previsiones ya que el desgaste económico permanente que se produce mientras dure la extensión de esta enfermedad erosiona los niveles de actividad económica. Hay miles de empresas paralizadas, millones de personas en inactividad forzosa, movilidad muy restringida en amplios sectores de la población…

La economía está por lo tanto en estado de coma, sobre todo en algunas zonas de China y, a la postre, en parte de la economía global. La economía china ha ido creciendo en tamaño y en influencia a escala planetaria y en la actualidad ronda el 17% de la economía mundial tras un rápido crecimiento en estos últimos años. Hace un decenio, durante la anterior crisis de tipo sanitario similar a la actual aunque de menor intensidad, la economía china apenas representaba el 5% del PIB mundial. Estamos, por lo tanto, ante una situación mucho más dañina, en potencia, que la de hace unos pocos años para el conjunto de la economía. Tratar de establecer en estas condiciones cuál puede ser el impacto en el conjunto del mundo y en particular en algunos países como el nuestro es pura fantasía.

Partiendo de estas altas dosis de incertidumbre, no resulta fácil establecer previsiones para el inmediato futuro de la economía española, aunque la Comisión Europea acaba de mejorar algo las estimaciones que se barajaban para el año 2020 en lo que atañe al PIB español, que podría crecer un 1,6%.

No deja de ser una hipótesis sujeta a alto grado de incertidumbre, razón por la cual las perspectivas empresariales son bastante inciertas y, en consecuencia, las decisiones de inversión están sometidas a muchos imponderables, aunque lo más normal es que los movimientos de las principales variables económicas sean a la baja.

Estos días hemos podido constatar, gracias al estudio anual que realizan los analistas de la escuela de negocios Esade, que la capacidad de predicción en los tiempos que corren, incluso antes de que explotara el asunto del virus chino, está bastante lejos de ajustarse a los hechos. La realidad suele ofrecer versiones muy alejadas de algunas previsiones que se manejan.

En lo que atañe a España y al año 2019, frente al 2% de aumento del PIB finalmente constatado, algunos analistas llegaron a pronosticar subidas del PIB del 2,7% (el Banco de España, sin ir más lejos, a pesar de tratarse de la institución con mayor densidad de economistas de primera fila) y el 2,5% que anticipó el prestigioso Servicio de Estudios de BBVA. Sin dejar de lado el 2,4% que habían previsto instituciones como la OCDE, el Gobierno español o la mismísima Comisión Europea. Ni uno solo de los grandes centros de análisis logró acertar en sus previsiones. Los que más se acercaron fueran el Banco Santander y Repsol, ambos con pronóstico del 2,1%. Todos, es curioso, por encima de la realidad, todo un alarde de optimismo.