El virus chino costará dinero a España

Las primeras aproximaciones al impacto real del virus chino en la economía mundial no son más que meras especulaciones, pero empiezan a poner de relieve la gravedad del fenómeno, sobre todo si su persistencia se prolonga más allá del primer trimestre del año. Minusvalorar su importancia ha dejado de ser la reacción más extendida y a medida que pasan los días se van haciendo más visibles los impactos reales y cuantificables.

Ahora, con la suspensión del MWC (Mobile World Congress) barcelonés, la presencia del riesgo económico se hace más visible para España, sobre todo para el sector turístico de la ciudad catalana, que día tras día ha ido contemplando cómo se venían abajo las previsiones de visitantes (más de 100.000) y de ingresos. El total del dinero que iba a mover el MWC rondaba los 500 millones de euros. No es una cifra menor, máxime porque estaba concentrada en una ciudad. Esta suspensión también puede perjudicar al protagonismo español en el sector de la tecnología, aunque en este caso la evaluación económica del impacto resulte más difícil.

Una primera evaluación sobre las consecuencias del virus chino para la economía española que acaba de realizar una importante agencia mundial de calificación de riesgos, Standard & Poor’s, estima que España verá mermado su crecimiento este año en torno a un 10%, es decir, cerca de dos décimas del PIB. No solo por la suspensión del congreso de móviles de Barcelona sino por los daños colaterales que se derivan de la debilidad del comercio en general, las importaciones chinas de productos españoles, los ingresos turísticos que cada año, en cifras fuertemente crecientes, están aportando los visitantes chinos y otros efectos perniciosos.

Coincide bastante esta estimación de la agencia S&P con la que lanzó el martes el Ministerio de Economía, al rebajar hasta el 1,6% el crecimiento previsto para España, que hasta poco antes se situaba en torno al 1,8%. Esas dos décimas de menor crecimiento español se podrían atribuir en su casi totalidad a los efectos derivados de la crisis china, aunque haya otros motivos.

Otras estimaciones a vuela pluma que se están realizando, no tanto para el caso español sino a nivel global, consideran que la prolongación de esta crisis sanitaria durante más tiempo del que ahora mismo se contempla (es decir, uno o dos trimestres) podría conducir incluso a una recesión a escala global. Es decir, a un retroceso del PIB, en condiciones parecidas al que se vivió hace doce años, que tuvo su origen en Estados Unidos y especialmente en el sector financiero.

La hipótesis de un impacto recesivo global resultaría muy preocupante para una economía como la española, que justo ahora está tocando techo en sus niveles de endeudamiento público y cuando los bancos centrales estudian desde hace unas semanas la posibilidad de aflojar la política monetaria permisiva y con altas dosis de liquidez. Una nueva versión de la crisis de los años pasados sería más difícil de superar porque los instrumentos de estímulo que se han puesto en marcha en estos últimos años (entre ellos los tipos de interés negativos) no tienen ya margen para una nueva versión.