Giro en la economía

Las fantasías económicas del Gobierno de Pedro Sánchez han durado poco. Y antes de que los balances del virus chino nos pongan a todos ante la cruda realidad, el nuevo Gobierno español, que habrá tenido tiempo más que suficiente este último fin de semana durante su retiro en la finca de Quintos de Mora para analizar los fríos datos del momento, se ha visto obligado a reconocer la dura realidad. El frenazo económico es todo un hecho, aunque con lo que no contaba casi nadie es que un factor externo completamente ajeno a nuestra pericia, como es el grave y preocupante brote de virus en China, iba a provocar un corte en las expectativas económicas bastante superior a lo que se barruntaba.

En el plano político, la drástica rebaja en las previsiones económicas para este año y posiblemente los dos siguientes desbarata los idílicos objetivos del flamante Gobierno de coalición. Las promesas y objetivos que los aliados de Sánchez vienen esbozando desde hace unos meses, antes incluso de que se sellara el pacto de Gobierno, se convierten ahora en agua de borrajas, sencillamente porque no hay dinero para tanta aventura como se había anunciado a bombo y platillo y porque tampoco hay muchas posibilidades de que los planes de agresiva política fiscal de la ministra de Hacienda puedan llevarse a la práctica. Una cosa es el entorno económico con el que Sánchez llegó al poder hace más de un año y otra cosa distinta es el escenario que se dibuja ahora, crisis de China mediante.

El mazazo más llamativo es el recorte del crecimiento previsto para el PIB, que se verá recortado, en principio, en cuatro décimas, es decir, desde el 2,0% del año 2019 hasta el 1,6% que ahora se vislumbra como más probable. Eso si no hay más rebajas en el curso de los próximos meses, ya que el impacto económico de la crisis china en la economía mundial, y en especial en la española, es algo que ni los más aventurados se atreven a pronosticar a estas alturas.

Cada día que pasa aumenta la gravedad del diagnóstico y el impacto económico, con una economía como la china muy tocada, lo que no es poco, habida cuenta de su peso en el conjunto de la economía global, más del 15% del PIB mundial.

La desaceleración económica española, eso sí, se va a mantener posiblemente como la menos grave entre las grandes economías europeas. Pero el recorte del crecimiento económico del país va a poner en un carril bastante más lento la tendencia bajista del paro, que ha cerrado el año 2019 en niveles del 13,8% de la población activa y que se espera caiga hasta un modesto 12,3% a finales del año recién estrenado.

En cuanto a las cifras del Presupuesto, cuya aprobación no está prevista para antes del mes de agosto, el Gobierno ha anunciado un aumento del techo del gasto del 3,8% sobre el del pasado año, cuya aprobación por el Congreso y el Senado daría paso al debate sobre los Presupuestos. Las previsiones de déficit, en este nuevo contexto económico, van a estar lejos de las previstas hace unos meses, cuando se enviaron a Bruselas unas cifras que a estas altura carecen de verosimilitud. El déficit no bajará del 1,8% del PIB, cuando hace pocos meses se hablaba del 1,7% Pero también se estimaba para el año 2021 un déficit del 0,4% del PIB y en el anuncio que ahora realiza el Gobierno ya se habla de un 1,5% del PIB, diferencia realmente espectacular, naturalmente para peor. Ni qué decir tiene que el anunciado equilibrio presupuestario para el año 2022 se queda para mejor vida.