La construcción se estanca

La vitalidad del sector de la construcción en España ha llegado durante la segunda mitad del año 2019, en especial en los meses de cierre del año, a un punto cercano al estancamiento. Los indicadores de actividad han ido cayendo paulatinamente, en el caso de la construcción de obra pública debido a la carencia de Presupuestos y a los vaivenes de la vida política, con Gobiernos poco interesados en gestionar un sector tan básico como es el de la construcción. En el caso de la vivienda, las cifras han ido también a la baja, resultado de factores diversos, entre ellos la inestabilidad que se respira en la vida política y también en la económica.

El año 2018 había sido un ejercicio excelente para el sector, pero desde mediados del año pasado, las tornas han empezado a cambiar, poniendo de esta forma final – posiblemente momentáneo – a un ciclo de recuperación que se ha prolongado durante cinco años. Como punto de comparación, valga recordar que en los dos últimos trimestres del año 2018 el sector registró avances en torno al 6% de media anual. En los dos trimestres que cerraron el año 2019, el signo ha sido radicalmente diferente, con un leve aumento del 0,9% en el tercer trimestre sobre el año anterior y una caída del 3,5% durante el cuarto trimestre, en comparación con el mismo periodo del año 2018. El cambio de signo ha sido, por lo tanto, radical.

La actividad constructora, en el sector de la vivienda, había gozado de una buena intensidad durante el año 2018 y durante la primera mitad del pasado año, con importantes cifras en permisos de edificabilidad y un flujo de ventas caracterizado por una mayor actividad en la vivienda de segunda mano durante la primera parte del ciclo alcista pero que ha cedido el paso a las viviendas de nueva construcción para entrar en fase de frenada durante los últimos meses del pasado año.

Los precios han seguido los vaivenes que ha ido marcando la actividad, es decir, al alza durante la etapa de recuperación del ciclo hasta mediados del pasado año, cuando las tasas de crecimiento se han ido amortiguando de forma apreciable hasta caer a niveles bastante modestos, lo que puede haber sido uno de los motivos por los cuales el incentivo para construir nuevas viviendas ha decaído de forma ostensible.

El resultado ha conducido a un crecimiento muy modesto, pero posiblemente crecimiento al fin y al cabo, en el conjunto del año 2019 en lo que se refiere al conjunto de venta de viviendas. Las cifras definitivas del año pasado se conocerán pronto pero todo parece indicar que el año pasado será el primero desde el año 2014 en el que se registra una caída en términos relativos en el volumen de compraventa de viviendas, aunque los niveles en cifras absolutas habrán sido posiblemente muy elevados.

No se presenta bien el año 2020 a juzgar por la inseguridad que se ha ido instalando en el mercado de la vivienda, con iniciativas legales, a veces de ámbito municipal, que están generando un clima poco favorable para los compradores. La regulación del mercado inmobiliario a todos los niveles, tanto gubernamental como autonómico o municipal, está generando mucha inquietud y las cifras empiezan a reflejarlo.

Por fortuna, el impacto de esta creciente debilidad del mercado en el nivel de empleo no ha sido tan negativa como se temía, Ha descendido de forma notable el ritmo de creación de puestos de trabajo en el sector, pero el año pasado todavía ha terminado con cifras positivas. Las dudas que se abrigan sobre lo que pueda pasar en este sector tan intensivo en la creación de empleo ya son otra cosa.