Formación laboral y paro

Los estudios sobre el empleo no tienen apenas dudas a la hora de señalar que las posibilidades de encontrar un puesto de trabajo son mayores para las personas que tienen una formación universitaria. Aunque a veces se dice que la Universidad es una fábrica de paro, lo cierto es que las estadísticas son bastante más benévolas y señalan que, en el caso español, alrededor del 56% del empleo creado a lo largo del último decenio (crisis y fase de recuperación) lo lograron los españoles con estudios universitarios.

Por lo tanto, aunque sea una frase con cierta fortuna, la realidad es que el mayor nivel de formación contribuye a mejorar las oportunidades de lograr un puesto de trabajo. Otra cosa es que el acceso a la formación universitaria sea más factible para unos sectores de la sociedad que para otros, tarea en la que los sistemas de ayudas públicas, las becas, pueden desempeñar un importante papel. La cuantía de estas parece que resulta sin embargo insuficiente y que queda mucho por mejorar, no solo en la cuantía económica sino en la selección adecuada de los beneficiarios.

Una de las tareas en las que el sector público tiene mucho que hacer es en la adecuación de los niveles de estudios más apropiados para cada persona, ya que se suele minusvalorar la importancia de la formación profesional como mecanismo de creación de profesionales capacitados para las necesidades reales de las empresas.

La mera titulación universitaria puede resultar poco útil para muchas personas que, empujadas a la obtención de un título universitario cueste lo que cueste, tropiezan luego con serios problemas de empleabilidad porque no han recibido la formación más adecuada para lo que necesita el mercado, es decir, las empresas. Algunos estudios recientes llegan a estimar en torno a un 40% el porcentaje de universitarios que encuentran empleo en trabajos para los que no se necesitaría realmente una titulación del nivel que acreditan o para el que se han preparado concienzudamente, lo que genera bastantes problemas de inadaptación y de rendimiento laboral.

No es una casualidad que la tasa de paro entre los universitarios españoles sea una de las más elevadas de la Unión Europea, por encima del 8%, cuando la media de la UE ronda el 4%. Demasiada diferencia que pone de relieve la necesidad de adecuar el sistema educativo de una forma más precisa a las necesidades que demanda la sociedad y las empresas.

La tasa de paro en España se ha reducido en los últimos años pero no logra bajar del 13% de la población activa, de acuerdo con las evaluaciones más recientes. La diferencia entre la tasa de paro española y la media europea, que ronda entre los 6 y los 8 puntos, se explica muy probablemente por la inadecuada preparación de los jóvenes en un país cuya estructura económica se diferencia abiertamente de la de la mayoría de nuestros vecinos, al existir en nuestro caso sectores con un peso muy superior al que presentan en otros países. Y esa mayor adecuación de la formación a las necesidades de los demandantes de mano de obra es una de las tareas más importantes que debería afrontar el país si no queremos eternizar las altas tasas de paro que sistemáticamente presenta España, incluso en los momentos de mayor expansión económica.