Los cambios laborales y las estadísticas

Los datos del mercado de trabajo en el mes de enero tienen la doble condición de su baja calidad y las malas expectativas que pueden traer de la mano, visto el panorama político y social en el que se está moviendo el país en estas últimas semanas. La protesta generalizada de los trabajadores del campo es posiblemente el síntoma más doloroso y de difícil corrección de cuantos aquejan en estos momentos al mercado laboral del país.

La polémica ha presidido algunas de las primeras decisiones del nuevo Gobierno, a pesar de contar en algún caso con el consentimiento de los empresarios a través de la presencia de la patronal en la firma de los acuerdos que han dado paso al segundo aumento consecutivo del Salario Mínimo. Una subida por encima del 5% que se produce apenas un año después de otro aumento, el mayor de la historia, de algo más del 22%.

Resultaría ingenuo descartar que estas dos subidas tan tremendas, sin duda buenas para las rentas de los trabajadores que puedan percibirlas de forma estable en el futuro, van a resultar neutrales para el potencial de mantenimiento y creación de empleo. En la medida en que afectan de forma muy directa a algunas actividades económicas de carácter masivo y de muy difícil control, casi nadie estará en condiciones de asegurar que los dos aumentos seguidos no han tenido consecuencia alguna en el terremoto que se ha ido fraguando en el mercado de trabajo, del cual posiblemente acabamos de ver tan solo las primeras señales.

Los datos de enero habría que analizarlos a la luz de estas posibles reacciones, entre las cuales destacaríamos la posible inhibición de muchas unidades empresariales de pequeño tamaño de contratar personal con la misma fluidez que en meses anteriores. El desplazamiento de una parte del empleo hacia zonas oscuras del mercado del trabajo, como la economía sumergida con el consiguiente aumento del número de trabajadores desprotegidos, puede haber sido una de las consecuencias de todos estos cambios en la remuneración oficial de los trabajadores.

El fenómeno no es apreciable en las cifras por la sencilla razón de que no hay mecanismos sencillos de medición. Posiblemente habría que reprocharle a la Administración su falta de perspicacia a la hora de analizar el impacto de las dos últimas subidas del Salario Mínimo, de forma que a tenor de los resultados se podrían mejorar de cara al futuro la adopción de medidas de este tipo, quizás estableciendo un cierto grado de gradualidad, evitando saltos en el vacío.

No hay encuestas sobre ese hipotético impacto y la Administración tampoco se ha preocupado de llevar a cabo este análisis de campo, lo que podría haber realizado mediante encuestas específicas, cuya ejecución todavía está a tiempo de aplicar. De momento hemos de conformarnos con las estadísticas oficiales del Ministerio de Trabajo, que no son precisamente positivas en sus resultados aunque en todo caso se trata de registros carentes de capacidad para medir las razones de los cambios que se operan en el mercado de trabajo y, sobre todo, para anticipar las posibles tendencias y reacciones a las medidas que se puedan adoptar.

En este sentido, la larga y prolija colección de cambios en la legislación laboral que se vienen anunciando desde hace meses, algunos de los cuales parece que efectivamente se van a poner en práctica, tienen la poco edificante virtud de generar reacciones anticipadas en los agentes sociales. Algunos de los peores síntomas que ha evidenciado el mercado de trabajo durante el mes de enero podrían ser una reacción anticipada a lo que algunos temen que pueda traer la futura legislación en materia laboral.