Los agricultores se quejan

El campo español se encuentra en estado de rebeldía porque las cuentas no le salen al sector. En las últimas semanas se han producido algunos brotes de conflicto pero la situación se viene degradando desde hace bastantes meses. El año 2019 está siendo calificado en el  sector como uno de los peores de los últimos tiempos en relación no tanto con la producción sino con el estado de las rentas y el desequilibrio creciente entre  costes de producción y precios de venta de los bienes agrícolas.

Hay unas cuantas razones que han agudizado el malestar del sector aunque ha sido la subida del Salario Mínimo  (que afecta al 44% de los trabajadores del sector) la que ha acelerado el malestar en el mundo agrario porque ello ha contribuido a  disparar los costes agrícolas en unos momentos en los que la producción vive momentos de esplendor en la mayoría de los cultivos contribuyendo a hundir los precios finales de venta.

La subida del Salario Mínimo, que ha sido criticada desde sectores del propio partido gubernamental, dada la base socialista  que aparece dominante en algunas zonas eminentemente agrícolas, coincide con un descenso de la población ocupada en el campo español del orden de las 30.000 personas durante el pasado ejercicio.

Hay motivaciones de otro tipo para este descontento. Por ejemplo, la presión a la baja en los precios como resultado de un sector productivo muy atomizado frente a un sector distribuidor fuertemente concentrado. El número de unidades productivas no ha ido a la baja al no existir procesos de concentración en el sector, de ahí esta presión  paralela en los precios, que podrían bajar como consecuencia de los cambios estructurales en el sector. A este hecho se suma la creciente importación de productos agrícolas desde terceros países, como Marruecos o Sudáfrica, en los que existen unos costes de producción más bajos, en algunos casos mucho más bajos, que presionan sobre los niveles de precios en el mercado español.

Hay más elementos que están entrando en juego, como la política medioambiental, que cada vez ha ido jugando un papel más destacado en los postulados políticos de los Gobiernos pero que puede experimentar un drástico endurecimiento a partir de este mismo año, con las nuevas formulaciones más exigentes que tratará de impulsar la Unión Europea.

La política agraria europea ha estado vinculando tradicionalmente las subvenciones a la eficiencia productiva. Pero ahora este enfoque va a cambiar. De hecho ya está cambiando, con la finalidad de vincular las subvenciones a determinados objetivos  en los que predomina la preservación del medio ambiente, el cuidado de la tierra y una serie de estrategias destinadas a dar satisfacción a la lucha contra el cambio climático.

Por si estos condicionantes no fueran suficientes, en los últimos meses el campo español ha tenido que enfrentarse a la imposición  de aranceles en algunos mercados importantes, como el de Estados Unidos, además de prepararse para los efectos del Brexit sobre las exportaciones de algunos sectores agrícolas al Reino Unido.