Luces y sombras del empleo

El hecho de que el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, se haya quejado por el impacto de la subida del Salario Mínimo (SMI) en las estadísticas de paro de su región ha sido la nota de color este martes en el que el Instituto Nacional de Estadísticas ha dado a conocer los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA).

Las dos últimas subidas del Salario Mínimo han sido ciertamente potentes. La que acaba de entrar en vigor se traduce en un 5,5% de aumento y la del año pasado superó el 22%, todo ello en una economía en la que los salarios normales crecen entre el 2% y el 3% y la tasa de inflación en estos dos años apenas se ha separado del 1%. Criticar la subida del Salario Mínimo desde una óptica progresista es bastante pintoresco, aunque Fernández Vara lo ha hecho con delicadeza: le preocupa sobre todo que estas subidas salariales provoquen paro y desempleo en una región eminentemente agrícola como la extremeña.

No es, desde luego, la única zona de la geografía española en la que las subidas excesivas de los salarios más bajos pueden causar destrozos en el mercado laboral. Los jóvenes que buscan su primer empleo y las personas que viven en situación de paro de larga duración también se están viendo afectados por los desajustes que está generando el incremento por decreto de los salarios mínimos. Los sectores más dañados en cuestión de empleo durante el pasado año han sido la agricultura, la ganadería y el servicio doméstico.

La consecuencia negativa de la fuerte subida de los salarios mínimos es doble. Por un lado se frena al aumento del empleo en algunos oficios. Por el otro, se acentúa el peso de la economía sumergida, una distorsión que es mala desde muchos puntos de vista, entre otros el impacto negativo en la recaudación fiscal, algo que por sí mismo es un perjuicio general, para el conjunto de la economía.

Las cifras del mercado de trabajo aportan, en todo caso, aspectos positivos y negativos a la vista de los datos de la EPA del conjunto del año 2019. De momento, la tasa de paro se ha situado por debajo del 14% de la población activa, lo que supone un avance importante sobre todo cuando se compara con el 25,7% de tasa de paro que llegó a tener la economía española en el año más negro de la historia reciente, el ejercicio de 2013, máximo histórico. Eso sí, estamos lejos del 8,3% de tasa de paro del año 2006, en vísperas del inicio de la crisis.

Uno de los datos más interesantes del último trimestre del pasado año es el hecho de que el empleo generado por el sector privado haya aumentado más que el del sector público, algo que no había sucedido desde hace poco más de dos años. Durante el año 2019 en conjunto, los 402.300 empleos creados (casi la mitad, extranjeros), nada menos que 360.000 empleos corresponden al sector privado y el resto, unos 42.000, a las Administraciones Públicas. Estas cifras sobre empleo público y privado se han visto influenciadas por la fase de inestabilidad y cambios políticos, con ausencia de Presupuestos, que ha vivido el país en los últimos meses.

En todo caso, el aumento del empleo en el conjunto del año 2019, aunque se sitúa por debajo de los datos del año 2018, se producen en un contexto de aumento de la población activa, en parte explicable por el incremento de la población extranjera.