La Fed, sin urgencias

Esta semana, martes y miércoles, se va a celebrar la primera reunión de la Reserva Federal estadounidense este año. La estabilidad marca la tónica de lo que espera casi todo el mundo. Es más, no parece que los tipos de interés vayan a bajar durante todo el año 2020 tras las tres reducciones ejecutadas durante el pasado año, que parecen haber dejado medianamente contento al presidente del país, Donald Trump, aunque su presión e insistencia en reducir más los tipos de interés (entre el 1,50% y el 1,75% en la actualidad) se han visto ligeramente defraudadas, sobre todo con vistas a la nueva cita electoral que tiene en los próximos meses. La primera subida (o bajada) que podría afrontarse no está prevista hasta el año 2021. Y eso en función de cómo vaya la economía.

La estabilidad de los tipos de interés y el hecho de que no experimenten alguna nueva bajada en un cierto periodo de tiempo tiene para Europa una doble lectura. Por un lado, no altera el diferencial de tipos, ya que el BCE no tiene prevista ninguna modificación en los próximos meses y parece que está dispuesto a seguir con los tipos negativos o a cero en el inmediato futuro, pendiente de la revisión estratégica que la nueva presidenta del BCE ha anunciado para los próximos meses.

La segunda consideración a tener en cuenta es precisamente que este diferencial de tipos entre Europa y Estados Unidos debería tender a la reducción, lo que conduce inexorablemente a una subida de tipos en la zona euro, medida que no podrá dilatarse mucho en el tiempo ya que en caso contrario se podrían generar efectos no deseables para el crecimiento y las inversiones.

En todo caso, la placidez con la que la Fed americana observa en estos momentos la situación se deriva del hecho de que las principales variables económicas de Estados Unidos se encuentran en una situación envidiable. El crecimiento de la economía está por encima del 2%, es decir, claramente mejor que en Europa. En su proyección histórica, la tasa de crecimiento de la economía americana vive en estos momentos, en los últimos años, el periodo más dilatado de expansión, iniciado en la primavera del año 2009, algo que Europa no ha podido disfrutar todavía.

La tasa de paro, una variable que en Estados Unidos tiene una valoración mucho más estratégica de cara a la fijación de los objetivos monetarios, se mueve en mínimos históricos, en el 3,6% de la población activa, es decir, la mitad que la media del conjunto de la zona euro. No existe por ello una presión suficiente para bajadas adicionales de tipos que estimulan la actividad y el empleo.

Y la tasa de inflación, la única variable que se estaba desviando de los objetivos, va aproximándose lentamente hacia la zona del 2%, con la posibilidad de que, según las previsiones que manejan los analistas de la Fed, de que caiga hasta una zona inferior al 2% en el año 2021. La tasa de inflación cerró el año 2019 en el 2,285%, el nivel más alto desde diciembre del año 2011. Con las tres bajadas de tipos del pasado año, la política monetaria de la Fed parece darse por satisfecha y, vista la trayectoria reciente de los precios, nada parece indicar que la política monetaria americana vaya a deslizarse aún más a la baja.