Más ruido de fusiones bancarias

El ajuste de la banca española en el último decenio ha sido espectacular. Las cifras lo ponen de relieve: en número de oficinas, ya hace unos meses que se ha bajado por debajo de los 25.000 y en personal, más del 40% de la plantilla de los bancos ha cambiado de oficio o ha ido al paro y a la jubilación anticipada, con unos 115.000 empleos perdidos en los diez últimos años.

Lo más llamativo de las cifras es que cada año suman, no se estabilizan, y que no pasa un trimestre sin que se anuncie algún nuevo plan de reajuste, de modo que España ha pasado de ser el país europeo con más densidad de empleados bancarios y oficinas a situarse claramente por debajo de la media.

Que el proceso de adelgazamiento continúa parece más que probable, aunque solo sea por las declaraciones de los directivos del sector y las insinuaciones frecuentes, a veces veladas, de las autoridades financieras. Algunos pronósticos aseguran que el sector volverá a reducirse a la mitad en cuanto a recursos (empleados, oficinas,…) en los próximos años. Y no muchos, ya que no habrá que esperar otro decenio para verlo.

La presión de los analistas y expertos también está presente y se deja oír un día sí y el otro también. Eso que llamamos mercado, y que se refleja en el trato que la Bolsa otorga a los valores bancarios, está también jugando un papel destacado en la aceleración de las presiones sobre los bancos para que ajusten sus costes, para que no gasten un euro de más, para que fortalezcan su capital y para que distribuyan de verdad dividendos.

La aceleración de este proceso de adelgazamiento viene de la mano de los cambios en los hábitos financieros y de manejo del dinero. La tecnología está comiendo terreno a los recursos físicos a marchas forzadas. El avance de la telefonía móvil y de los procedimientos avanzados de tecnología junto a los cambios en los hábitos de la clientela son imparables. Las oficinas bancarias que han sobrevivido a este proceso acelerado de adelgazamiento prestan unos servicios mucho más reducidos que hace unos pocos años. Todo invita a hacer las mismas cosas o incluso más con menos gente detrás de los mostradores o en los departamentos de gestión de los bancos.

En medio de este clima de transformación rápida y profunda, las voces que anuncian una reducción del número de entidades por fusión entre los actuales protagonistas del sector van en aumento. Acaba de salir a la palestra el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliú, dejando entrever que su entidad no va a recorrer el futuro en solitario. Hay compañeros de viaje para cruzar esta travesía que no parece acabar nunca.

La duda con el Sabadell siempre tiene dos caras, la de comprador, como ha sido hasta la fecha, y la de posible socio paritario o absorbido por otra entidad de similares dimensiones. Con el Sabadell se ha hablado de posible fusión con Bankia o con alguna otra de las entidades de tamaño medio que podrían formar un nuevo ente financiero capaz de competir con mejores garantías en el sector bancario español e incluso con aspiraciones europeas. Es bastante probable que el mapa bancario español vuelva a sufrir alguna transformación sustancial en el año que acaba de comenzar.