Salario Mínimo, la virtud del término medio

El Salario Mínimo subió el año pasado por decreto más del 22% de golpe, una barbaridad que nadie es capaz de cuantificar en términos de impacto sobre el empleo, aunque las estimaciones lo sitúan en unos 60.000 puestos de trabajo que habrían pasado de la economía legal a la sumergida. Este miércoles, el SMI ha sido incrementado en un 5,5% hasta los 950 euros mensuales, desde los 900 euros vigentes. El objetivo de alcanzar los 1.000 euros queda de momento aplazado, aunque en realidad de lo que trata el Gobierno y los sindicatos es de alcanzar el 60% del salario medio, un objetivo de ámbito comunitario Esta subida es desde luego bastante más razonable que la del año anterior, aunque ambas rebasan con mucho los niveles medios de inflación, que el pasado año apenas alcanzó el 0,8%.

El último trienio ha sido bastante alcista para el Salario Mínimo español, ya que en este periodo ha subido un 8% en el año 2017 (hasta los 707,7 euros), un 4,0% en el año 2018 (hasta los 735,9 euros) y un 22,3% el pasado año (hasta los 900 euros). Ahora sube un 5,5% más, hasta los 950 euros por 14 pagas, es decir, 13.300 euros anuales.

Estas cuatro subidas acumulan, en este periodo de cuatro años, un aumento global del 45%, en una etapa que se ha caracterizado por niveles muy bajos, en algunos momentos negativos, de la tasa de inflación. El año pasado, la tasa de inflación fue del 0,8%, lo que significa que los aumentos del Salario Mínimo están rebasando ampliamente los aumentos de precios que registra la economía, favoreciendo con ello una ganancia sustancial del poder adquisitivo de los salarios. Bien es verdad que el Salario Mínimo afecta a un segmento minoritario de la población trabajadora española, aunque los aumentos de este indicador acaban repercutiendo de alguna forma en las revisiones anuales de los salarios del conjunto del país.

En todo caso, la subida del Salario Mínimo ha de contemplarse en un contexto más amplio, ya que afecta de forma desigual a los diferentes colectivos y sectores laborales del país. Su impacto en el sector agrícola puede ser bastante lesivo y contribuir a incrementar el peso de la economía sumergida. Afecta también de forma negativa a los más jóvenes, es decir, a quienes buscan su primer empleo, así como a algunos colectivos de mayor edad.

La subida, a la postre, puede deteriorar la creación de empleo y la capacidad competitiva del país, con impacto en las exportaciones y en algunos sectores muy expuestos a la competencia internacional, como el turismo, en donde las empresas españolas del sector han de competir con países de nivel salarial mucho más bajo.

El hecho de que esta subida del Salario Mínimo se haya aprobado tras un acuerdo a tres bandas, como el Gobierno, los sindicatos y la patronal, es un aspecto positivo, aunque esta negociación a tres bandas tiene por delante otros asuntos de mayor alcance, como la modificación a fondo de la reforma laboral, algunos de cuyos renglones generarán importantes debates entre el mundo sindical y el mundo de la empresa.

Quizás el más destacado de ellos es el que enfrenta los dos conceptos principales que atañen al ámbito de la negociación colectiva. Es decir, si los convenios que prevalecen a la hora de fijar la preferencia en las condiciones laborales sin los convenios de ámbito sectorial o los de ámbito empresarial, un debate en el que los empresarios apuestan decididamente por el ámbito empresarial, ya que generalizar los contenidos de los convenios a los sectores, igualando las condiciones de las empresas, choca con la deseable competencia entre empresas y con la competitividad a la postre de la economía en ámbitos más amplios. Y ello puede ir en detrimento de la dinámica del empleo.